El restaurante Vilcunco, en Aluminé, ofrece una experiencia culinaria basada en la trucha arcoíris de producción propia, destacando la trazabilidad y la integración de productos locales.
En Aluminé, el restaurante Vilcunco, que cuenta con el Sello de la Gastronomía Neuquina, se posiciona como una experiencia representativa de la cocina de la provincia. Con identidad propia y basada en materia prima local, el establecimiento ofrece una carta centrada en la trucha arcoíris, producto emblemático de la región.
La cocina del lugar garantiza el origen de sus productos y combina tradición con elaboración contemporánea. La trucha se presenta en distintas versiones: milanesas, pastas, empanadas, preparaciones ahumadas y cortes frescos, a los que se suman productos regionales como quesos, dulces y conservas de productores locales.
Detrás de cada plato hay un proceso productivo integral que comienza en el criadero propio. Cristian Zapata, referente del establecimiento, explicó: “La parte de piscifactoría es donde se hace toda la reproducción de truchas arcoiris, que es la única especie que manejamos, y todo el proceso. En este lugar se hace lo que es el desove”.
A partir de abril, se inicia la etapa de fecundación e incubación, con un seguimiento técnico que garantiza la calidad. El desarrollo continúa con el crecimiento del alevino hasta alcanzar el tamaño adecuado para su traslado a los sectores de engorde. “El alevino se tiene que llegar a que pese un gramo. Cuando llegan al gramo, eso se transporta mediante equipos de tanques de agua con oxígeno, donde se tiene la otra parte de engorde”, detalló Zapata, quien también explicó que la trucha alcanza entre novecientos gramos y un kilo antes de su faena.
Una vez completado el ciclo, el producto se procesa en una sala habilitada y se clasifica en distintos cortes. “Nosotros vendemos tres cortes: el mariposa, el filet y la trucha entera. Después transportamos la trucha y hacemos la venta dentro de la provincia”, señaló. Este circuito corto de comercialización refuerza el vínculo entre producción local y consumo, un aspecto clave dentro del sello gastronómico neuquino.
La propuesta se completa con la posibilidad de conocer el proceso a través de visitas guiadas. “Se hace una visita mostrando todos los procesos de la trucha y del agua, de dónde nace, cómo pasa por los diferentes períodos y llega a la laguna artificial”, indicó Zapata. En ese espacio también se desarrolla la pesca recreativa, habilitada durante todo el año bajo modalidad con mosca.
Con una cocina que refleja el entorno y una producción que se integra al plato, la propuesta gastronómica se consolida como una opción destacada en la región. En el contexto de Semana Santa, donde el pescado ocupa un lugar central en la mesa, la trucha de Aluminé se presenta como una alternativa local que sintetiza identidad, trazabilidad y calidad.
