martes, 18 junio, 2024
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Mi cuerpo como un revólver: las brutales confesiones de Michael J. Fox en un texto con las entrañas

Piensa al mundo hoy como «una máquina del millón» en la que él es «la bola que sale lanzada e intenta desesperadamente no hacer contacto con ningún obstáculo». Su cuerpo como un revólver.

Michael J. Fox vive en alerta «intentando que los movimientos involuntarios no lastimen al que tiene la mala suerte de cruzarse». Pero no se autocompadece y es brutal al definirse: «Me he convertido en un arma andante».

Mister Volver al futuro no se cansa de contar el modo en que la enfermedad lo va moldeando. «La gente pide que vaya menos veloz, no se dan cuenta de que no soy capaz de percibir lo rápido que voy. La gente cree que el Parkinson es solo temblor. Si mi cuerpo estuviese dividido en diez partes, cada una viajaría a su velocidad y no de manera ordenada y lógica«.

Escribía un libro sobre golf en 2017, antes de que lo abofeteara un nuevo diagnóstico médico posterior al Parkinson: un tumor en la médula espinal. Abandonó entonces la escritura y los hoyos y escuchó la honestidad brutal del médico. «La operación es arriesgada. Nadie quiere ser el médico que dejó a Michael J. Fox en silla de ruedas«.

La cirugía finalmente fue un éxito, la lenta recuperación demandó unos meses de «caminatas» en silla de ruedas y el libro sobre golf cambió de rumbo, así como sus posibilidades físicas: tuvo que aprender, otra vez, a caminar.

Con un documental nuevo (Still, por Apple TV), otro libro más (después de Un hombre afortunado ahora promociona No hay mejor momento que el futuro), el eterno muchacho de la patineta comparte sin pudor su vulnerabilidad y el proceso que atraviesa. «No sabía que iba a pasar de niño a viejo. Tener Parkinson es estar en constante vaivén, en encendido y apagado«.

Un dedo, el meñique, le alertó en 1990 que algo alteraba la normalidad. Temblequeo constante y un enojo por no poder dominarlo. ¿Cómo no poder controlar algo tan pequeño, él que manejaba hasta el estado de ánimo de Ronald Reagan, quien lo invitó a una cena en la mismísima Casa Blanca?

Michael J. Fox en el documental Michael J. Fox en el documental «Still» de Apple.Fox acababa de consagrarse millonario con la saga de Back to the future, tres películas al hilo en las que a bordo del DeLorean plateado domaba presente y futuro. «La enfermedad parecía el precio cósmico a pagar por tanta felicidad y tanto éxito», admite a la distancia, después de esa historia de cuento en la que el destino lo llevó de las narices hacia el estrellato. Para 1985 soñaba con formar parte de ese rodaje de Robert Zemeckis, pero el papel era de Eric Stoltz, que grababa las escenas cerquita de donde Fox filmaba Muchacho lobo.

El universo dio una voltereta rara y el insufrible carácter de Stoltz hizo que fuera echado del rodaje, que borraran sus escenas y que buscaran a Michael para el protagónico de Marty Marty McFly. Un lustro después, el diagnóstico sonó a nocaut. Enfermedad neurodegenerativa crónica. No había fajo de dólares que lograra curarla.

El Parkinson trajo otra problemática en efecto dominó: la depresión y el alcoholismo. Al no poder procesar las emociones, atravesó una etapa de refugio en el alcohol y desmayos etílicos en alfombras regadas de frente a su pequeños hijos. «Bebí para borrarlo todo, para que esto se me fuera del cuerpo»,

El emotivo reencuentro de Michael J. Fox y Christopher Lloyd en Nueva York. (Comic Com).El emotivo reencuentro de Michael J. Fox y Christopher Lloyd en Nueva York. (Comic Com).A los 62 años ya no elige «el parche del whisky» y sabe que habrá una cura definitiva para el padecimiento del Parkinson, «pero no mientras esté vivo». No puede conducir el Mustang descapotable 1967 que le obsequió su esposa, pero se refugia en el golf. Desde que hace dos décadas un amigo lo invitó a ser su caddie y lo arrastró a los greens, la experiencia de los palos acariciando a una pelotita de 42 milímetros lo acercan a «un estado zen», a una consciencia del presente.

Padre de cuatro (Sam, las gemelas Aquinnah y Schuyler, y Esmé), casado con Tracy desde hace casi 40 años, el canadiense que en sus primeros años en Los Ángeles supo vivir en departamentos «compartidos en cucarachas» está acostumbrado al lujo casi «pornográfico». Sin embargo extraña otro tipo lujo, uno que perdió con el Parkinson: «El de la espontaneidad. No puedo lanzarme a nuevas actividades sin planificación».

Una mejilla rota contra un mueble, una mano infectada «que estuvo cerca de ser amputada» y varios huesos hechos añicos que le dejaron los desplomes en su propia casa son ahora confesiones que «Mick» vomita en textos de autoayuda y producciones audiovisuales. No juega al falso optimista, sino que hace humor con su cruz y a la vez es descarnado con su pronóstico. «Mi sistema nervioso se va destruyendo y mis habilidades motoras, también. Lucho por ser una persona independiente».

Michael J. Fox actuando de niñoMichael J. Fox actuando de niñoLa vida del actor nacido en Edmonton, Alberta (Canadá) no viene siendo fácil desde que un médico le dijo sin titubear «esta pelea nunca se gana». Una cadena de desgracias a las que torea con una entereza sobrehumana.

Ave Fénix permanente

El actor de raíces anglo-irlandesas que en sus primeros años vivió de mudanza en mudanza por la carrera militar de su padre, ya no disfraza ni camufla lo que experimenta su físico: «Soy un hijo de puta duro. Si muriera mañana, sería prematuro, pero no inaudito», escribe en sus memorias. «No tendré 80 años. No voy a cumplirlos. Estoy viviendo la vida de un jubilado, sólo que diez años antes de lo previsto«.

Suele recordar esa charla que tuvo con su psicólogo en las primeras sesiones del «tsunami». El terapeuta le pidió una definición del momento, una foto y Michael fue al grano: «Es como si estuviera esperando calzarme el otro zapato». El psicólogo fue sensato: «Tienes Parkinson. Bienvenido a la nueva vida, el otro zapato se cayó hace tiempo».

Hubo un tiempo en que Michael J. Fox (quien eligió la «jota» como homenaje al colega Michael J. Pollard) se creía el dueño del tiempo, el rey del presente, el amo del futuro. Podía dormir dos horas al día y grabar en simultáneo la serie Family Ties y la prometedora historia cinematográfica Volver al futuro.

Una escena de Una escena de «Volver al fututo» con Crispin Glover, la película que cambió la vida de Fox.Antes del 2000, hizo pública su enfermedad y anunció lo que sería su primer retiro como actor. «Creía que no podía ser intérprete con la cara endurecida y uno de mis brazos en los bolsillos para disimular el movimiento». Habría luego varios regresos a los set, otras despedidas que pensaba como definitivas y en el medio, visitas a decenas de médicos. «Me convertí en experto en la ingesta de píldoras de dopamina para ayudar a evitar los primeros síntomas, para esconder los temblores».

En 1998 el doctor Cook le hizo un agujero en el cráneo. Michael se sometió a una talomotomía, un procedimiento para eliminar ciertas células de una región del cerebro conocida como tálamo, encargada controlar los movimientos involuntarios. Ahora en su libro usa una cita de Stephen King para pincelar las sorpresas a las que está acostumbrado. «Tarde o temprano la vida nos envía un policía cabrón para demostrar quién es el jefe».

Su peor año, aunque pocos podrían imaginarlo, fue 2018, según deduce. El diagnóstico de un tumor en la médula espinal, una intervención quirúrgica riesgosa y una caída posterior lo llevaron a tener que usar una silla para desplazarse.

Tiene más miedo a «los ataques terroristas, a los terremotos y a las arañas» que al final de su vida este hombre «chiquito» de apenas poco más de un metro sesenta. Sabe que su afección es un pac-man que en breve le abrirá el juego a «la pérdida de memoria, la desorientación, los delirios y la demencia».

Michael en una escena de Michael en una escena de «Muchacho lobo».Aunque se esfuerce por ponerle detalles a su día a día, ningún relato consigue hacerlo con justicia. » A veces parece que estoy a punto de caerme, pero es un bamboleo. Siempre estoy buscando el equilibrio». Su deseo más grande parece una idiotez para el resto de los mortales que viven sin esa enfermedad: «Le pido a mi mundo apenas poder salir por la puerta y doblar la esquina sin que eso suponga un drama. Mis hijos están acostumbrados: el mayor tenía dos años cuando me diagnosticaron».

Fox deduce que nunca en la vida se quedó quieto, ya sea en la era pre-Parkinson o después. Se arrepiente de una sola cosa y es de no haber aceptado trabajar en Ghost por pensar que era una historia tonta que «no funcionaría». Ahora intenta despejar sus propios fantasmas y va por la vida con una tortuga marina en su antebrazo derecho.

Fox y su esposa Tracy Pollan, quien lo acompaña desde hace más de 30 años. (AP)Fox y su esposa Tracy Pollan, quien lo acompaña desde hace más de 30 años. (AP)La historia del tatuaje tiene mucho de misticismo. Recién a los 58 años se animó a su primer tattoo, todo un símbolo de su resistencia. Lo inspiró un viaje familiar a las Islas Vírgenes en 1999. Por entonces el Parkinson llevaba casi una década como «compañero inseparable» cuando se metió al mar y pensó en crear una fundación.

Buceaba sin rumbo entre sus pensamientos y el agua cristalina y, como en un sueño submarino, apareció una tortuga preciosa flotando a su lado. Un accidente le había arrancado al animalito parte de la aleta delantera derecha. «Nadamos un tiempo juntos. Como ella, yo también arrastro las cicatrices de mi batalla«.

A Michael Andrew ya no le preocupa la lentitud, ni el ritmo «como de reptil». Sólo quiere que entiendan qué hay detrás de ese caparazón que desarrolló en todos estos años. Y el por qué su hibernación hollywoodense.

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