Desde la comunidad de Atreuco, Graciela Colligual mantiene viva la tradición del hilado y tejido artesanal, conectando pasado y presente a través de sus creaciones.
“Mi nombre es Graciela Colligual, vengo de la comunidad de Atreuco. Es un lugar lindo”, cuenta con la sencillez de quien reconoce en su territorio el valor de lo propio. Hace catorce años regresó a su comunidad, aunque su vínculo con el oficio viene desde mucho antes: “De niña empecé a hilar y de ahí seguí con mi trabajo, que es el tejido”.
“Primero uno aprende a hilar, de lo grueso a lo fino, que es la lana para poder hacer el tejido”, explica. En ese movimiento constante de las manos se construye la materia prima que luego dará forma a cada pieza. Una vez obtenido el hilo, el trabajo continúa: “Después se hace el torcido, y ahí lo lavás para poder hacer el telar”, describe. Es un camino que transforma la lana en abrigo, en identidad, en una trama que guarda saberes transmitidos de generación en generación.
A través de Artesanías Neuquinas, Graciela comparte sus creaciones, llevando consigo la historia de su comunidad. En cada hebra, en cada tejido, se expresa una práctica que resiste al paso del tiempo y que sigue viva gracias a manos como las suyas.
