La producción de hidrocarburos en la formación neuquina experimentó una pausa en su crecimiento, atribuida a una menor demanda energética y a trabajos operativos planificados en áreas clave.
El ritmo de crecimiento que venía mostrando Vaca Muerta tuvo una pausa durante el mes de febrero. Esta desaceleración no respondió a problemas estructurales, sino a una combinación de factores como una menor demanda energética y la ejecución de trabajos operativos en áreas clave de la formación neuquina, que requirieron ajustes temporales.
En el caso del gas, la producción total del país se ubicó en 140,02 millones de metros cúbicos diarios, lo que representó una baja interanual del 3,3%. El comportamiento de Vaca Muerta en este segmento estuvo condicionado por la menor necesidad de generación eléctrica y una caída en el consumo industrial. Esta situación derivó en el cierre momentáneo de algunos pozos.
En paralelo, la producción de petróleo también mostró una leve retracción. En Vaca Muerta se registró una baja cercana al 1,6%, lo que impactó directamente en los números de la provincia de Neuquén y, en consecuencia, en el total nacional, donde el bombeo descendió casi un 1%.
Las áreas más relevantes donde se observó esta merma fueron Loma Campana y La Amarga Chica. Allí, los equipos técnicos avanzaron con tareas específicas vinculadas a la incorporación de nuevos pozos, lo que implicó detener de forma temporal parte de la producción existente.
Este tipo de intervenciones responde a la necesidad de evitar interferencias entre pozos, conocidas en la industria como “frac hit”. Se trata de un fenómeno que puede afectar el rendimiento de pozos ya activos cuando se realizan nuevas fracturas en zonas cercanas. Para prevenirlo, las compañías optan por cerrar momentáneamente los pozos más antiguos mientras avanzan con nuevas perforaciones.
El impacto de estas tareas fue acotado, con una reducción estimada de unos 6.000 barriles diarios, un volumen relativamente bajo dentro del total que produce Vaca Muerta. Sin embargo, el dato deja en claro que, a medida que los bloques suman más pozos, este tipo de prácticas comienza a ser cada vez más frecuente.
Lejos de marcar una señal negativa, la baja de febrero se interpreta dentro del sector como parte del proceso de crecimiento. La incorporación de nuevos pozos y la optimización de los existentes forman parte de una etapa más avanzada del desarrollo shale, donde la planificación juega un rol central.
