La incertidumbre en los mercados energéticos internacionales, agudizada por el conflicto en Medio Oriente, posiciona a la formación neuquina como un proveedor potencial clave ante riesgos de escasez.
La tensión en los mercados energéticos globales, reavivada por el conflicto en Medio Oriente, ha puesto el foco en la seguridad del abastecimiento de petróleo y gas. En este escenario, la formación Vaca Muerta, ubicada en la provincia de Neuquén, emerge nuevamente como una oportunidad estratégica debido a la combinación de precios en alza y riesgos de escasez.
Según análisis de la consultora Rystad Energy, el mundo enfrenta una nueva etapa de la crisis energética, donde la preocupación ya no se limita a la volatilidad de precios, sino que avanza hacia la disponibilidad física de los recursos. Las dificultades del sistema para responder a la demanda podrían derivar en un escenario de estanflación: alta inflación con bajo crecimiento económico.
Este fenómeno ya se observa en regiones como Asia, donde países como Filipinas, Tailandia e Indonesia implementan medidas de emergencia o enfrentan limitaciones. En Europa, los niveles de almacenamiento ofrecen un margen frágil que podría deteriorarse en semanas.
En este contexto global, Vaca Muerta gana peso como proveedor potencial. La escasez de crudo mejora el valor del petróleo exportable y potencia las perspectivas para el desarrollo de gas natural licuado (GNL). La formación comienza a consolidarse no solo como motor de crecimiento local, sino como un activo relevante para la seguridad energética internacional.
Los precios altos y los riesgos de interrupción en el suministro refuerzan la necesidad de ampliar la infraestructura en transporte y exportación, incluyendo proyectos clave para el gas y el GNL. Sin embargo, para aprovechar esta oportunidad, se requieren obras aceleradas, reducción de cuellos de botella y reglas claras que den previsibilidad a las inversiones.
