Esta mañana se dio una nueva imagen del pacto entre el gobierno de Milei y las principales cámaras del gran capital argentino. En medio de un clima de festejo por parte de los libertarios por la difusión de los números en la actividad económica, en Casa Rosada, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se reunió con los representantes del Grupo de los seis (G6). Mientras estas cúpulas empresarias celebran los dividendos de un modelo que les garantiza rentabilidad extraordinaria, el resto de la economía real se desangra bajo la recesión y la caída del consumo interno que golpea a los sectores populares.
El Grupo de los Seis estuvo representado en el despacho de Adorni por las figuras centrales de la burguesía argentina como Francisco Gismondi de la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba) en representación del sector financiero y Adelmo Gabbi por la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. También se sentaron a la mesa Mario Grinman de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), Gustavo Weiss de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Nicolás Pino de la Sociedad Rural Argentina (SRA) y Rodrigo Pérez Graziano por la Unión Industrial Argentina (UIA). Este grupo de intereses patronales dejó de lado sus matices sectoriales para abroquelarse detrás del plan económico de Milei, demostrando que por encima de cualquier crisis sectorial prima la defensa de clase y la oportunidad histórica de avanzar sobre las conquistas obreras.
A diferencia de lo que comunicó el gobierno mediante sus canales de prensa, esta reunión no tiene nada que ver con un evento protocolar. Esta cumbre, que se da a menos de 48 horas de que el Senado trate la reforma laboral esclavista, los empresarios se encargaron de agradecer la modernización laboral que el gobierno pretender convertir en ley, a costa de dinamitar los derechos de los trabajadores. El sector empresario espera con ansias que esta ley entre en vigencia para legalizar la precarización que ya aplican de hecho en algunos sectores, beneficiándose con el abaratamiento de los despidos y la quita de responsabilidades en materia de aportes jubilatorios. Para el G6 la libertad solo significa el derecho absoluto de las patronales a extraer mayores niveles de plusvalía sin ningún tipo de límite legal o sindical.
A pesar del apoyo incondicional al rumbo del gobierno los empresarios demostraron que su voracidad no conoce de límites. Durante el intercambio con Adorni, la agenda legislativa derivó rápidamente en una exigencia por más beneficios corporativos bajo la forma de una baja generalizada en la carga impositiva. No les alcanza con la licuación de los salarios ni con la flexibilización de los convenios colectivos, sino que ahora pretenden que el Estado desfinancie aún más los servicios públicos para engrosar sus balances privados. Esta postura de exigir más mientras la mayoría de las personas padece el ajuste, desnuda la esencia de un empresariado parásito que históricamente ha vivido de la transferencia de recursos desde los sectores trabajadores hacia sus propias arcas.
Este alineamiento quedó plasmado en el cinismo del comunicado publicado por el grupo tras concluir el encuentro con el jefe de Gabinete. Entidades como la UIA y la CAC, que representan a la industria y al comercio respectivamente, firmaron un respaldo total al plan económico a pesar de que sus propios representados sufren cierres de fábricas y desplome de ventas. El comunicado habla de un compromiso con el desarrollo sostenible y la creación de empleo mientras el Sistema Integrado Previsional Argentino ya registra la pérdida de casi 200.000 puestos laborales formales. Estos dirigentes prefieren sacrificar el mercado interno y la capacidad productiva del país con tal de sostener un gobierno que les garantiza un marco legal para la explotación sin ningún tipo de trabas.
La actuación en tándem del gobierno y el G6 se cristaliza en la figura de personajes como Nicolás Pino, el titular de la Sociedad Rural Argentina, quien no ahorró agradecimientos por la baja de retenciones aplicada por el Ejecutivo. Mientras el campo celebra beneficios impositivos y cosechas récord de trigo, la industria sigue en picada con caídas interanuales superiores al 3,9%. El caso Fate es un ejemplo claro, donde los trabajadores de este campo productivo son las principales víctimas de esta situación. Este modelo de país exportador de materias primas y paraíso para la especulación financiera es el que Milei y Adorni cocinan junto a estos empresarios.
Es necesario enfrentar en las calles esta alianza reaccionaria que pretende convertir a la Argentina en una fábrica de mano de obra barata para el capital, rompiendo la tregua y movilizando con fuerza para impedir que la reforma esclavista se convierta en el sello definitivo de este saqueo que sufren los trabajadores.
