Es la pregunta fundamental que se hacen en los bunkers de campaña electoral: ¿cuánto pesará realmente el escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad? Y, de momento, los indicios marcan que en el entorno de Javier Milei le tienen mucho más miedo a la turbulencia de la economía que a las denuncias como factor de pérdida de votos.
De hecho, el esfuerzo de comunicación del Gobierno estuvo mucho más enfocado en explicar que la turbulencia del mercado financiero se debe al «riesgo kuka», antes que en desmentir las denuncias que salpican a Karina Milei.
La versión del Gobierno es que todas las malas noticias de la economía -la suba del riesgo país, la volatilidad de las tasas de interés, la presión sobre el dólar, el virtual congelamiento del crédito- obedecen a una única causa: el temor del mercado a un eventual triunfo opositor en las legislativas, que harían que el Congreso ponga en riesgo el equilibrio fiscal.
«La suba de tasas es transitoria y concentrada principalmente en las tasas de cortísimo plazo. Dicho movimiento se corregirá luego del triunfo de LLA en las elecciones de medio término», argumentó Federico Furiase, principal asesor de Toto Caputo en política monetaria, luego de que el gobierno convalidara una «supertasa» de 75% anual para asegurarse que no quedaran excedentes de pesos en la calle.
Bajo esta óptica, no hay mejor estrategia de campaña para el oficialismo que asegurarse que el IPC de agosto y septiembre se mantenga por debajo del 2%, y que no haya sobresaltos con el dólar. Aun cuando eso implique un freno en la actividad industrial y comercial, como admitió el propio Caputo.
Es una postura que está en línea con lo que siempre dijo Milei: que su «job description» encomendado por la ciudadanía solo tenía dos puntos: bajar la inflación y combatir la inseguridad. No dijo nada, en cambio, sobre la corrupción, y más bien al contrario, sus aliados del PRO le reprocharon el haber boicoteado el proyecto de «Ficha Limpia» y hacer manejos parecidos al kirchnerismo respecto del poder judicial.
Economía mata denuncia rumbo a las elecciones
El análisis de la intención de voto se torna complicado, porque las encuestas pueden dar lugar a confusión. En el comentado sondeo de Management & Fit, llamó la atención que un altísimo 95% de los encuestados manifestaran estar enterados de las denuncias por sobornos en los proveedores de la Andis, y que la mayoría creyera que el gobierno es responsable.
Sin embargo, pocos le prestaron atención a un detalle importante: cuando se le pregunta a la gente si este escándalo cambiará su intención de voto original, un contundente 82% afirma que no. Y solamente un 16% dijo que revisará su preferencia.
Esto parece confirmar lo que desde hace mucho tiempo sospechan los politólogos y encuestadores: que el ruido generado por este tipo de escándalos tiene el efecto de confirmar las posiciones previas de los votantes, pero que raramente mueva la aguja en términos electorales.
Hay profusos antecedentes históricos que abonan esa afirmación. Por caso, en 2011 Cristina Kirchner arrasó con 54% de los votos en primera vuelta, pese a que en plena campaña electoral había estallado el escándalo por desvíos de fondos estatales en el plan de vivienda social «Sueños compartidos», que salpicaba al entonces candidato a vicepresidente, Amado Boudou.
Del mismo modo, en 2017, Mauricio Macri obtuvo una resonante victoria en las legislativas de medio término, pese a que había atravesado un año signado por denuncias: solo por citar las principales, aparición en la lista de «Panamá Papers» de evasores fiscales, corrupción en el blanqueo de capitales -donde se habilitó la adhesión de parientes de funcionarios-, e interferencia en el diferendo entre el Estado y los ex accionistas del Correo -también del grupo Macri-. Además, claro, de la controversia por la desaparición de Santiago Maldonado.
La historia muestra más casos parecidos en la década de los ’90 bajo el mandato de Carlos Menem.
Y siempre hay un denominador común: cuando la economía está estable, en crecimiento y con un nivel elevado de consumo, los oficialismos suelen recibir el favor del electorado, aun cuando haya denuncias en su contra. Pero, si la economía va mal, entonces esos escándalos pueden actuar como amplificadores del malhumor social.
Un ejemplo claro en ese sentido fue la derrota de Alberto Fernández en las legislativas de medio término, cuando la economía sufría los efectos de la cuarentena y, además, estalló el escándalo de la fiesta de cumpleaños de Fabiola Yáñez en la residencia de Olivos.
Las chances de Javier Milei
¿Cuál será la situación de Milei? De momento, las encuestas marcan esa situación ambigua: cayó el porcentaje de aprobación sobre el presidente, que por primera vez desde su asunción tiene más imagen negativa que positiva.
Además, se desplomaron indicadores del humor social, como el índice de confianza del consumidor y el índice de confianza en el gobierno, que mide mensualmente la Universidad Di Tella.
Pero, al mismo tiempo, las encuestas siguen mostrando una pelea pareja entre Milei y el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires para la votación de septiembre, así como una ventaja de 10 puntos del gobierno sobre el peronismo en las legislativas nacionales de octubre.
Nadie se anima a decir que este panorama no pueda cambiar, claro. Lo que está por verse es si el eventual factor de cambio será la economía, el debate sobre el costo social del ajuste o las denuncias por corrupción.
La oposición está haciendo una campaña en la que hace un mix de esos tres componentes, aunque parece dedicar más esfuerzo a las denuncias de corrupción que a los otros dos.
En realidad, los encuestadores ven poco probable que la cuestión ética pueda hacer que un votante de Milei en 2023 se vuelque ahora al kirchnerismo. Con Cristina Kirchner condenada y otras causas en curso, lo más probable es que un votante preocupado por la transparencia se vuelque por las opciones de centro, como las que representan Ricardo López Murphy o la «liga de los gobernadores». O que, en el peor de los casos, aumente el porcentaje de ausentismo electoral.
En cambio, sí mejoran las chances del kirchnerismo cuando hay una percepción sobre una baja en el poder adquisitivo del salario y las jubilaciones, o un incremento en el desempleo.
De todas formas, si el debate se focaliza en el costo del ajuste fiscal, el gobierno tiene factores que jugarán en su favor. Por ejemplo, en la última semana de septiembre -bien sobre el cierre de campaña- el Indec dará a conocer el dato de pobreza e indigencia correspondiente al primer semestre. Y, dada la baja de la inflación, se da por descontado que habrá una mejora respecto del último censo, en el que se registró un 38,1% de pobres y un 8,2% de indigentes.
También tiene estadísticas independientes que lo ayudan, como la de la consultora Scentia, que mide el consumo masivo. El último dato, correspondiente a julio, marcó una mejora de 4% respecto del mes anterior y de 3,1% en la comparación interanual.
La apuesta a polarizar
El oficialismo ha dejado en claro que su estrategia es polarizar al máximo el escenario electoral. Y, no por casualidad, el eslogan de la campaña es «kirchnerismo nunca más». Como ha repetido Milei varias veces, no hay opciones intermedias: el mensaje es que, si al gobierno le va mal, entonces lo que le espera al país es un regreso de las prácticas populistas.
Desde ese punto de vista, cada incidente de campaña -como el ataque con objetos contundentes a la caravana de Milei en Lomas de Zamora- juega objetivamente a favor de esa estrategia. Fue algo que quedó en evidencia cuando los funcionarios, empezando por el propio Milei y su ministra de seguridad, Patricia Bullrich, atribuyeron la agresión no al acto aislado de individuos violentos sino al kirchnerismo en su conjunto.
Por lo pronto, los incidentes tuvieron el efecto de sacar momentáneamente a Karina Milei del foco mediático, que se corrió a la cobertura sobre los hechos violentos.
Y mientras el gobierno apunta a judicializar el tema de Andis, apunta los cañones contra Axel Kicillof -quien actualmente tiene una mejor imagen que Milei-. Por eso, los dirigentes libertarios del conurbano afirman que las denuncias no cambian la postura política en la población, que está más preocupada por los casos de violencia delictiva en el bastión del kirchnerismo.
En cambio, lo que ningún dirigente oficialista menciona, pero está en el tope del ranking de preocupaciones oficiales, es el temor a un repunte inflacionario. Las últimas mediciones indican un salto en el IPC de agosto, por los aumentos en el rubro alimentos. Aunque, para suerte del gobierno, el dato se dará a conocer la semana posterior a las elecciones bonaerenses.