En el mercado de coleccionistas, no solo las monedas alcanzan precios elevados, ya que algunos billetes antiguos también se convierten en piezas relevantes. Un claro ejemplo es el impreso de 1000 dólares de 1890, conocido como “Grand Watermelon” (“La Gran Sandia” en español), cuyo valor superó los US$3 millones en subastas especializadas.
El billete de US$1000 de 1890 fue emitido por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en el marco de la Ley de Curso Legal del 14 de julio del mismo año, también denominada “Ley de Compra de Plata Sherman”. Esta requería la adquisición mensual de 4,5 millones de onzas de plata, lo que llevó a la emisión de ejemplares respaldados por estos metales preciosos.
De acuerdo con el Servicio Profesional de Calificación de Monedas (PCGS, por sus siglas en inglés), la denominación de US$1000 no era de uso común entre el público, ya que su propósito principal era facilitar transacciones interbancarias. Su diseño llamó la atención por los tres ceros grandes en el reverso, cuya apariencia se asemeja a la de sandías, lo que le valió el apodo de “Grand Watermelon”.
Originalmente, se imprimieron 16.000 unidades, pero actualmente se conocen únicamente cinco ejemplares. De estos, tres se encuentran en instituciones gubernamentales como el Instituto Smithsoniano y los bancos de la Reserva Federal de Chicago y San Francisco. Los dos restantes están en manos privadas, por lo que se convirtieron en piezas extremadamente raras y codiciadas.
Dado a su rareza y escasez, los coleccionistas buscan activamente estos billetes, aunque la probabilidad de encontrar uno es extremadamente baja. Algunas características clave para su identificación incluyen:
Además, el billete lleva las firmas de William Starke Rosecrans, registrador del Tesoro, y James Nelson Huston, tesorero de EE.UU. en la época, para los ejemplares que llevan el sello marrón en el anverso. En caso de llevar un sello rojo, las firmas serán de Rosecrans y Nebeker.
El valor de este papel moneda en el mercado de coleccionistas ha ido en aumento con el tiempo. En 2005, uno de estos ejemplares se convirtió en el primer billete en superar el umbral del millón de dólares en una subasta. Desde entonces, sus precios han seguido una tendencia ascendente.
Algunos de los registros más destacados incluyen la venta de una pieza por US$1.092.500. Otro ejemplar alcanzó los US$2.040.000 en una subasta de Stack’s Bowers.
Sin embargo, en una subasta organizada por Heritage Auctions, un billete de esta serie se vendió por US$3.290.000, lo que estableció un nuevo récord para este tipo de ejemplares.
El estado de conservación es un factor determinante en el valor de estos billetes. Las piezas mejor conservadas suelen clasificarse por PCGS en escalas como “Extremely Fine 45″ o “50″, lo que incrementa su precio en el mercado.
El “Grand Watermelon” es uno de los papeles monedas más icónicos en la historia de la numismática estadounidense. Ha sido catalogado como una de las piezas más deseadas en la lista de “los 100 mejores billetes estadounidenses” de Q. David Bowers y David Sundman. Su rareza y el valor elevado alcanzado en subastas lo convierten en un referente para coleccionistas.
La posibilidad de que existan más ejemplares sin descubrir genera expectativa en el mercado. Un billete de esta naturaleza podría estar almacenado en colecciones privadas o incluso en el interior de algún viejo archivo, sin que su propietario conozca su verdadero valor.