jueves, 20 junio, 2024
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Sin cargos ni fueros, Cristina Kirchner se acerca a una nueva etapa en su vida política

Este domingo, Cristina Kirchner votará por última vez como vicepresidenta de la Nación. Las próximas elecciones, en dos años, la encontrarán sin ningún cargo público y por ende, sin fueros. En esta etapa de la campaña se corrió de la escena pública-partidaria y la pregunta que queda flotando en el aire es si comienza una nueva etapa en su vida política. Algunos refieren a un fin de ciclo del kirchnerismo tal como se lo conoció desde 2003, pero nadie duda de que la ex Presidenta continuará siendo una figura clave en la escena pública.

Cuando Néstor Kirchner comenzó a pelear la gobernación de Santa Cruz, a comienzos de la década de los noventa, Cristina Kirchner ya acumulaba años de militancia política. Para el segundo mandato provincial de su esposo, comenzó a desempeñarse como senadora nacional en representación del distrito patagónico.

Hubo pequeñas pausas en su trayectoria como funcionaria. Tan sólo dos: entre 2005 y 2007 cuando asumió por primera vez como presidenta y en 2015 hasta 2017, cuando dejó la Casa Rosada tras ocho años para después convertirse nuevamente en senadora.

El final del gobierno de Alberto Fernández, el hombre que ella eligió para que encabece la lista en 2019 y que le permitió al kirchnerismo volver a manejar los destinos del país tras el gobierno de Mauricio Macri, la encuentra con 70 años y con un hito posiblemente: nunca una vicepresidenta había sido tan preponderante en el ejercicio del poder y en los destinos de un gobierno como lo fue ella.

Sin embargo, Cristina Fernández de Kirchner no lo ve así. No por desconocimiento, sino por conveniencia. “En un país presidencialista como éste, la responsabilidad es del presidente de la Nación”, dijo el pasado 22 de octubre cuando se le preguntó cómo esperaba que la ciudadanía recuerde este gobierno que ella integra, del que es parte y cuyas acciones como omisiones, fueron determinantes.

Contundente en su respuesta, insistió en que sus gobiernos serán “muy recordados” y que los mismos culminaron el 10 de diciembre de 2015. Estos últimos cuatro años, el presidente fue Fernández: “yo sólo presidí el Senado” adujo, pretendiendo correrse de toda responsabilidad de la gestión actual. Agregó algo más: “Yo hablé muchas veces y no fui escuchada”.

Esos días previos al 22 de octubre, fue la vicepresidenta en ejercicio del poder ya que Alberto Fernández se encontraba fuera del país en lo que sería una de sus últimas giras como jefe de Estado. Volverán a encontrarse el 10 de diciembre, en el Senado que ella presidió durante cuatro y desde donde decidió muchas cosas, para encabezar el cambio de mando y poner punto final a este gobierno en el que, por primera vez, un presidente peronista no buscó la reelección, todo un signo de estos tiempos y de la reconfiguración del poder que se viene.

Este domingo votará en Río Gallegos, en el mismo colegio que lo hizo Néstor Kirchner cuando terminó su mandato presidencial. En la escuela Julio Ladvocat, a pocos metros de donde abrieron el primer estudio jurídico, utilizado como sede política por Máximo Kirchner cuando lanzó su primera campaña como diputado nacional, en aquel entonces, representando a Santa Cruz. Ahora asumirá, por segunda vez, como representante de los bonaerenses.

En este contexto, en un nuevo escenario para el peronismo gane Sergio Massa el domingo o Javier Milei, el gran interrogante es ¿qué lugar ocupará Cristina Kirchner fuera de un cargo, lejos de cualquier institución pública? Seguirá militando, haciendo política. Así lo definió ella cuando Clarín le preguntó aquel domingo de elecciones generales, qué iba a hacer después del 10 de diciembre.

En aquellas palabras la vicepresidenta dejó otro concepto formulado: No se necesita un cargo para ejercer el poder. Posiblemente fue aquel un mensaje para propios y ajenos. Cristina Kirchner no inicia el retiro de su vida militante. En alguna ocasión le dijo a Sergio Massa que ella era la dirigente con mayor cantidad de votos dentro del espacio. Nadie arriesga dentro del gobierno que esa ecuación se haya modificado.

Hay una agenda que encabezará la vice apenas se conozcan los resultados de los comicios del domingo de balotaje: un viaje a Italia para dar una charla sobre la “insatisfacción democrática”. No es la primera charla que da en universidades y no será la última.

El 10 de diciembre, sin Cristina Kirchner como parte del gobierno, ejerciendo desde una institución el poder, se inaugura una nueva etapa para su espacio.

La agenda judicial

El 2024 tiene algunas fechas ya determinadas en Comodoro Py, donde se enfocó durante los cuatro años de este gobierno del que ella fue vicepresidenta. El fuero que investiga la corrupción tiene un calendario que la incluye y al que ella hará frente sin fueros.

A finales de febrero, después de que culmine la feria judicial de verano, la Sala IV de la Cámara de Casación iniciará las audiencias para escuchar a los abogados como también al fiscal general Diego Luciani, en el caso conocido como Vialidad. Se trata del juicio en el que terminó condenada a seis años de cárcel por administración fraudulenta en perjuicio del Estado.

En otras palabras: el Tribunal dijo que lejos de resguardar los intereses del Estado como máxima autoridad (período 2007-2015), usó los resortes del poder para beneficiar a Lázaro Báez con obra pública vial y así erigirlo como el principal adjudicatario de la obra pública vial. Eso ocurrió mientras, en simultáneo, tejieron todo tipo de acuerdos comerciales. Los jueces dijeron más: que el objetivo final de ese entramado delictual tenía como fin, enriquecer el patrimonio personal de la familia Kirchner.

Esas acusaciones serán revisadas por la Cámara Federal de Casación Penal. Junto con las apelaciones de los abogados, que insisten en la inexistencia del delito, se analizará el planteo del fiscal Luciani: Cristina Kirchner, dijo, debe ser condenada además por el delito de asociación ilícita en carácter de jefa. Eso eleva la pena a doce años de cárcel.

La determinación que tome el máximo tribunal penal se conocerá en del primer cuatrimestre del año. La palabra final la tendrá la Corte Suprema, que no cuenta con plazos para pronunciarse y ese es un punto central: puede resolver en pocas semanas o bien pronunciarse mucho tiempo después, como ocurrió con la conformación anterior del máximo tribunal respecto a sentencia condenatorias contra el ex presidente Carlos Menem.

Dos definiciones claves se esperan por parte de los cortesanos con quienes Cristina Kirchner se enfrentó públicamente: en Diputados el espacio que ella lidera inició un juicio contra los cuatro integrantes de la Corte, con el fin de destituirlos aduciendo que tuvieron tres fallos que respondieron a “intereses políticos” y no a principios jurídicos. Son resoluciones cuyos resultados finales no fueron de agrado para el kirchnerismo y fueron utilizados como elementos de acusación.

Sin Cristina Kirchner ejerciendo la presidencia del Senado y con una nueva conformación de la Cámara Alta, ese planteo tiene como único destino el naufragio, como otras tantas iniciativas que el actual gobierno impulsó en contra del Poder Judicial, como la ampliación de la Corte a 25 miembros, pero fue el propio Oscar Parrilli como vocero del planteo quien dijo en el recinto que si ese número no agradaba podía llevarse a 15. “Sin ninguna explicación jurídica, sólo basamentos políticos”, replicaron en un claro juego de palabras en el Palacio de calle Talcahuano.

La Corte deberá decidir si la vicepresidenta se sentará nuevamente, en el banquillo de los acusados por dos casos más de corrupción. Uno que comparte con su hijo Máximo Kirchner quien, a diferencia de ella, sí contará con fueros. Se trata de Hotesur-Los Sauces, expediente en el que fue clave -una vez más- Lázaro Báez, para lo que la justicia determinó fueron maniobras de lavado.

El segundo expediente, más sensible en el plano político – internacional, refiere al Pacto con Irán, la investigación que se inició con la denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman y donde se encuentra procesada y enviada a juicio oral por el delito de encubrimiento agravado del atentado de la AMIA.

Fue la Sala I de la Casación Federal la que reabrió ambos expedientes donde Cristina Kirchner -y los demás imputados- habían sido sobreseídos. La consecuencia inmediata fue la orden de realización de los respectivos juicios orales.

Antes de conocerse la decisión de la Corte, se le pedirá la opinión al Procurador General interino, Eduardo Casal, quien este año ya dijo que el caso conocido como Dólar Futuro debe resolverse en un juicio oral. Ese fallo también está en manos de los cuatro ministros del máximo tribunal.

Todas estas decisiones aguarda la ex Presidenta a partir del 10 de diciembre, cuando ya no tendrá fueros. Y en caso de ganar Sergio Massa, se abre otro interrogante: ¿Se habrá negociado algo respecto a su amplio y complejo escenario judicial?

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