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Mundial Qatar 2022: la impensada derrota de Argentina corrió la hora pico

En la estación Morón se vivió un arranque de martes atípico. Y después del partido, hubo complicaciones de tránsito en varios puntos.

Mientras Scaloni definía el equipo para el debut de la Selección ante Arabia Saudita, millones de argentinos con empleados a cargo también se convertían en DT. Había que rearmar grupos de trabajo, buscar reemplazos o incluso correr horarios de apertura de negocios, para que todos pudieran ver el primer partido de Argentina en el Mundial Qatar 2022.

Había que gambetear un partido tan “AM”. Nadie se imaginaba aún que después se iban a tener que dejar en off side la frustración y el tráfico. Es que la derrota argentina corrió la hora pico y las emociones esperanzadoras.

Todo eso junto se veía en la estación de Morón, un nodo fundamental del traslado de trabajadores dentro y desde el conurbano. Un palco preferencial para vivir la “previa de la previa”, hasta llegar al trabajo para ver el partido, y la desilusión de “viajar perdiendo”.

“Está al 80% de pasajeros, yo esperaba al 100%, pero a mucha gente la dejan entrar hoy a las 10 de la mañana”, dijo a Clarín uno de los policías que custodian el andén. Eran las 6.45 pero ya se escuchaba desde los celulares el clima de antesala de juego de los relatores de la Televisión Pública.

El tren rápido a Liniers estaba demorado y eso reunía a más “hinchas” en la espera. Cristian tiene 30 años, vive en Morón y acordó con su jefe que llegaba a las 7 en vez de a las 8 al negocio de artículos de jardinería, para no tener que ver el partido mientras viajaba.

Así se veía la estación de Morón este martes, antes de que arranque el partido.

“Nos esperan con café y medialunas, pero parece que voy a estar bastante solo, mis compañeros no me responden así que seguro se quedaron en las casas”, se lamentó. Sí, el horario era complicado para hacer planes gancheros. Mostraba más contrastes que entre Morón y Doha.

Más temprano, a las 6, en las paradas de colectivo mano a Haedo había grupitos de veinteañeros que volvían de bailar de los bares y boliches de Ramos Mejía, que aprovecharon el lunes feriado para abrir. “El 153 no me paró porque iba lleno, el 136 sí, pero viajé parada y pegada a la puerta de adelante. Me parece re mal que dejaban subir a pibes tomando birra”, describió Betiana, de 37, su viaje a las 6.15, para ver el partido con una amiga.

En la estación no había televisores para ver el partido. Las pantallas sólo mostraban cuándo llegaba el tren. A la 6.45, faltaban 2 minutos para que llegara el próximo rápido, que pararía directo en la Ciudad: Liniers, Flores y Once. Las únicas banderas que se veían eran las que vendía Luciana, en el puesto de la esquina, a $ 299. 

El primer gol (válido), el del penal que metió Messi, se vivió en el andén con un tibio grito que salía desde los celulares. Nunca los cuellos estuvieron tan fijos en esas pantallitas.

Quizá no hay lugar más inseguro para los dispositivos que una estación de tren del conurbano. Este martes fue la excepción. Nadie se fijaba en eso. Había que ver el partido. Sólo la buena fortuna se encargaría de evitar que algún arrebato arruine el juego.

Susana Martínez, que se encarga de la limpieza en una farmacia, esperaba el colectivo y se tapaba con una columna para ver lo que pasaba sobre el césped del inmenso Lusail Stadium, sin “perder” su teléfono.

“No tuvimos problema en el laburo. La encargada abría a las 7.30 y podíamos ir después. Yo preferí ir en mi horario. Pero todos van después (se refiere a las 10). Las entregas de las droguerías me dijeron que se adelantaron o demoraron. Que no van a caen en el medio del partido”, detalló.

Más allá del sol, con apenas un viento fresco, el clima era realmente tibio.

“Compraron poquitas banderas, más ahora que ayer. Pensé que iba a vender más”, dice Luciana. La panadería Silence, en frente de la estación, para las 7 ya no tenía gente haciendo fila por medialunas. Media hora antes, eran seis los clientes que esperaban afuera, mientras otros más elegían su docena.

Los goles argentinos anulados por el VAR fueron imperceptibles en la estación desde las emociones de los pasajeros. Sí se re sintieron los dos goles de Arabia Saudita. Un “uhhh” se escuchó por lo bajo, pero conjunto.

“¿El técnico francés en qué idioma les hablará a los jugadores?”, se preguntaba una chica sobre Hervé Renard, el DT del equipo que enfrentaba a la Selección. “Vamos, vamos que se puede, queda tiempo”, decía otro pasajero. La derrota por 2-1 en el primer partido y contra el rival más accesible del Grupo C, era inimaginable. Pero todavía no había llegado.

“¿Para esto me levanté?”, fue el grito final de uno de los pasajeros. El resto de esos “hinchas”, que debutaron en este “madrugón mundial”, mantuvieron las discreción. El final llegó y el tráfico se intensificó: más gente en las paradas y una hora pico se vivió a las 10 en ese barrio bonaerense.

Los colectivos iban llenos y varios dejaban pasar alguna unidad para viajar sentados en la próxima. No importaba llegar tarde. Más cerca de Capital, en Ramos Mejía, también a las 10 los autos se atascaban sobre la avenida Rivadavia. Y la imagen se repetía en distintos puntos del conurbano, de Capital y de las grandes ciudades del interior del país, como Córdoba, donde colapsaron los accesos

Pero la demora era parte del plan esta vez. Gambeteaba al presentismo. Fue lo único que se cumplió a la perfección, en este martes imprevisto.

AS

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