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EE.UU. ingresó en una fase recesiva en gran escala

La Reserva Federal aumentaría 0,75% puntos porcentuales la tasa de interés de los Fondos Federales en julio; y ya ha adelantado que las elevaría por lo menos otras 7 veces en 2022 y 2023, hasta trepar a 6% anual (a partir de los actuales 1,5%/1,75% por año), que es el nivel de auge extraordinario que alcanzó la demanda en los últimos 2 años.

Esto llevaría la tasa de interés de los Fondos Federales a 3,75% a fin de año, y concluiría este nuevo ciclo alcista con un nivel de 6% anual en julio de 2023, lo que permitiría reducir la demanda – se supone – de 6% a 2% al terminar en el mes de diciembre ese periodo.

Jerome Powell, titular de la FED, en los monitores de Wall Street.

Esto implicaría por necesidad un aumento de la desocupación de por lo menos 3 puntos; y esto ocurriría cuando la tasa de desempleo actual es de 3,6%, el segundo menor nivel histórico de los últimos 60 años; y cuando los ingresos por hora de trabajo crecieron 5,5% anual en mayo, lo que implica que están 3 puntos por debajo de los salarios reales debido a un nivel de inflación ubicado por encima de 8% en el año.

Hay que advertir que la principal restricción que enfrenta hoy el alza de la demanda estadounidense es la que surge de las limitaciones de la fuerza de trabajo, debido a que se crean el doble de empleos en relación al personal en condiciones de ocuparlos. En sentido estricto, no hay desocupación en EE.UU., y más bien existe una situación de sobre-empleo. Es un fenómeno histórico de nuevo tipo la experiencia norteamericana.

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La política decidida por la Reserva Federal es, en suma, nítidamente recesiva; y esto se desplegaría plenamente a partir del último trimestre de este año, que es precisamente cuando el sistema político estadounidense se encontrará sumergido en una etapa decisiva de su funcionamiento, que es la que establece el control de las dos Cámaras del Congreso (Representantes y Senado), lo que ocurrirá el primer martes de noviembre de este año.

Lo que llama la atención es que esta situación ha surgido en un momento de auge fenomenal de la primera economía del mundo; y cuando la causa prácticamente excluyente de la crisis inflacionaria, devenida ahora en recesión profunda, es un alza notable del precio de los combustibles, que los ha llevado a US$5 el galón (3,7 litros) en el promedio de los estados, y a más de US$8 por galón en California y los otros estados de la costa del Pacífico.

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Este fenómeno de aumento generalizado del nivel de precios al consumidor ocurre en todo el mundo avanzado, con una tasa récord de inflación de 8,1% anual en la Zona Euro encabezada por Alemania, y de 9,1% por año en el Reino Unido.

Lo que ha provocado este nivel récord del precio de los combustibles en el mundo es la ruptura que se ha producido en el proceso de globalización por la quiebra de todos los mecanismos de cooperación y coordinación del sistema, que es el resultado directo del estallido de la Guerra de Ucrania en el corazón de Europa, transformada en un conflicto global, de largo plazo, que EE.UU. y la OTAN han desatado contra Rusia y China, y que se despliega tanto en el Continente europeo como en Asia.

Esto contradice la naturaleza del capitalismo globalizado del siglo XXI, cuyo núcleo estructural son las 88.000 empresas globales y sus 600.000 asociadas y afiliadas, absolutamente integradas en forma instantánea por la revolución de la técnica (ante todo la digitalización).

En una suprema ironía histórica, el país más afectado por esta ruptura de la globalización es EE.UU., la primera superpotencia mundial, y cabeza del capitalismo avanzado.

Por eso, es que en EE.UU. y en el mundo hay una puja creciente entre las fuerzas de la ruptura fundadas exclusivamente en razones geopolíticas por un lado, y las potencias de la unidad y la integración de raíz tecnológica, que son las propias del sistema capitalista como mecanismo de acumulación global.

En el fondo, esta contienda ya está resuelta; y ya se sabe que la historia no es determinista, pero que hay un determinismo en la historia; y que, en este enfrentamiento, que ocurre en pleno despliegue de la Cuarta Revolución Industrial, las fuerzas de la ruptura van a desaparecer como una hoja al viento, y una nota a pie de página de los acontecimientos decisivos que ya han ocurrido, y de los que se aproximan.

El próximo paso para EE.UU., que puede durar 4/8 años es reestablecer en el mundo los mecanismos de cooperación y coordinación con la otra superpotencia global, que es China, el “Imperio del Medio” del siglo XXI; y de esa manera forjar un nuevo orden global, apto para conducir un capitalismo absolutamente integrado, y guiado exclusivamente por el conocimiento y la innovación. Por cierto, que la competencia entre las superpotencias va a continuar, pero carente de contenido antagónico; y esta es una diferencia fundamental, la que existe entre la vida y la muerte.

No hay conocimiento sin empatía. Por eso, el análisis de EE.UU. necesariamente está acompañado de una intensa admiración. EE.UU. no es una potencia débil y fragmentada, con un presidente, que es Joe Biden, incapaz de conducir; y que en un sentido estricto ya pertenece al pasado.

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