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Día del locutor: María Ester Sánchez, la voz de Imagen de radio que sueña con volver

Fiesta Nacional del Maíz, Chacabuco, los setenta. María, 18 años, locutora amateur, siente taquicardia dentro de un vestido floreado confeccionado por la mejor modista de esos pagos, su madre. Le toca presentar en dupla con un afamado presentador bonaerense. La pregunta de él, un tal Juan Alberto Badía, la descoloca, la despabila, la lleva a la capital a cambiar su vida.

-Tenés condiciones. ¿Por qué no vas a estudiar locución a Buenos Aires?

María Ester Sanchez en los ’80, en una publicidad de yerba mate

María Ester Sánchez era una voz reconocida en la tierra de Haroldo Conti y del álamo Carolina. Trabajaba en la empresita de Don Martini, dueño de una disquería y del circuito radial cerrado en el que se instalaba un parlante en las casas suscriptoras, pero no se pensaba como una profesional del aire. El consejo la animó a probar suerte en el ingreso al ISER y al Cosal. Rindió a la perfección en ambos.

El examen del Instituto de Enseñanza radiofónica se lo tomó el maestro de locutores Juan Ramón, el padre de Badía. Al momento de cantar las notas, el hombre nombró a todos, pero a Sánchez se la salteó. ‘¿Y yo, señor?’, interrogó tímida y temerosa y sobrevino el elogio. ‘¿Usted es la señorita de Chacabuco? Tiene la nota más alta. No necesitaría cursar la carrera’.

Egresada del ISER, ahora es docente de esa misma cuna de locutores  y en la Universidad Nacional de La Matanza. Pocos saben qué es de su vida, cómo siguió el camino de una de las reinas de Imagen de radio junto a Silvina Chediek. Brilló en cuanta emisora existiera, fue madre dos veces, es abuela por cuatro. Atravesó un cáncer y ahora -increíblemente- espera: que alguien recuerde esa voz y le habilite luz roja.  

Junto a Badía en Imagen de radio.

Hay una frase que la perpetuó en el recuerdo de una generación: “La yerba suave que no afloja porque es de las Marías”. En la publicidad de 1988 dirigida por el mismísimo Juan José Stagnaro, la pelirroja de boca carmesí y tacos obelisco despertaba a un país con un tono sensual, a pura mateada: “Un minuto para las siete. Temperatura 16 grados, humedad 68%”.

Radio Antártida, Del Pueblo, El Mundo, Rivadavia, Colonia, Belgrano, De la Ciudad, Del Plata, FM Horizonte. Enumerar las emisoras que frecuentó es como bucear en un compendio de buena parte de la historia auditiva de la Argentina. Fue partener de Berugo Carámbula, Juan Carlos Altavista (“Minguito”), Juan Carlos Mareco, Andrés Percivale. Compartió aire con Blanca Cotta, Riverito, Favio Zerpa, Canela, Luis Garibotti. Y fue suplente de “monumentos” como Rina Morán y Beba Vignola.

En el estudio Juan Alberto Badía del ISER. (Foto: Luciano Thieberger).

“Má”, como la llamaba Juan Alberto, es testigo de la construcción de aquel novato Marcelo Tinelli de La oral deportiva al que “Beto” mandó a llamar para Piedra libre. Compartieron el mítico ciclo de la FM de Rivadavia en el que Badía decidió bautizarla La pantera del espectáculo para encargarle más que la locución: con la música de La pantera rosa la presentaba como la gran comentarista de teatro y música.

“Juan era exigente y de repente podía preguntarle a Marcelo: ‘¿Cómo salió tal partido de bochas?”’, rebobina y se le llena la voz de nudos. “No había computadoras y Tinelli llevaba 800 papelitos escritos, todo bien preparado. ‘Ya se lo respondo, Juan Alberto’, le decía. Era gracioso y rápido”.

Como voz consagrada en los ochenta, las ofertas de trabajo más que lloverle, diluviaban. Llegó a presentar a Mercedes Sosa en alguna gira y a Luis Landriscina junto a Mamerto Menapace en el Luna Park. Época de charlas con Miguel Abuelo, de amistad con Piero, de conducir los festivales B.A. Rock. Se siente a años luz, pero no pierde la fe: “Sigo esperando algún trabajo que me haga volver a la radio. Ojalá. Sé que me tienen presente, pero no me convocan”.

El día que cantó con Sabina

Hija de un comerciante de frutas y verduras que luego abrió su propio almacén, desde los 14 años se mantuvo económicamente a pura changa. Llegó a la ciudad, en dictadura, se instaló en Balvanera y buscó trabajo en los Clasificados de Clarín. Compatibilizó sus estudios con un puesto de archivera de facturas en el Centro cultural del disco.

“Llevo la actuación adentro. Yo quería ser actriz, pero para mi madre no estaba bien visto”, cuenta la mujer a la que en ocasiones se la puede escuchar cantando tangos en La botica del ángel, o boleros en algún rincón del Abasto. “Hice dos años de comedia musical con Pepe Cibrián, cursé teatro con Osvaldo Guidi y hasta estudié en la EMAD, la Escuela Municipal de Arte Dramático. Todo eso también lo traslado al micrófono”.

María Ester Sánchez en Telefe, en los ’90.

Su debut televisivo se dio en Canal 9, durante el comienzo de la democracia, junto a Enrique Llamas de Madariaga. El punto máximo de su popularidad llegó con Imagen de radio, ciclo en el que vivió una felicidad desmedida. “Gracias a ese programa conocí la nieve, por ejemplo, en Bariloche. Me recuerdo tirándome de panza con Adolfo Castelo. También canté con Joaquín Sabina”.

La anécdota con el poeta de Úbeda le genera piel pollo. “Sabina llegó como invitado, fumaba mucho, tomaba whisky, tenía los dedos amarillos. De pronto Badía me pregunta: ‘María: ¿Qué le cantarías?’. ‘Quiero emborrachar mi corazón/ Para apagar un loco amor/ Que más que amor es un sufrir’… Arranqué Nostalgias y Joaquín se sumó”.

“¿A usted, le gusta que le roben?”. Con ese spot de la Secretaría de Ingresos públicos, María también se coló en el recuerdo popular. “Exija siempre una factura o ticket al hacer su compra”, lanzaba con dicción límpida. “Y cuando le den una simple tira de máquina de calcular sin dato, llame a estos teléfonos de la DGI. Se estará defendiendo. Piénselo“.

Además de locutora, cantante, María cantó alguna vez a dúo con Sabina en un estudio de TV. (Foto: Luciano Thieberger).

Matrícula 2381, la chacabuquense que formó parte de Sábados en libertad, por Canal 9, nunca fue nominada a un Martín Fierro. Vivió “las mejores vacaciones pagas” en Estudio Playa de Pinamar junto a su “hermano” Juan Alberto. En 2017 tuvo un pantallazo fugaz: fue a saludar a Tinelli al estudio de Bailando y sorprendió a los televidentes nostalgiosos que desconocían su rastro. 

Vecina de La Paternal, “mal hablada en casa”, se reconoce firme en esa doctrina “de otro tiempo” de cuidar en público las palabras, considerarlas sagradas. Fue una de las personas que sostuvo la mano de “Beto” hasta el final, en aquella despedida en el Hospital Austral en la que escuchó la frase más hermosa en boca del amigo que se apagaba: “Viniste, má“.

María Ester Sánchez, la voz que paseó por el dial de AM y también por FM.

-¿Qué recuerdos profundos te quedan de “Imagen de radio”?

-Tengo un problema con la memoria de épocas emocionantes, como si se me borrara todo, pero sí me acuerdo de ese día en que Juan me dijo: “Tengo que hablar con vos” y vino por primera vez a mi casa. Me contó su proyecto, llevar al espíritu de la radio a la tele. Lo seguí. Me compré una motito, una Zanella amarilla, y así me iba de Barrio Norte a Canal 13. Nunca tuve una vida fácil y fui muy feliz ese tiempo.

-¿Cómo fue el después de esa fama sorpresiva?

​-Doloroso.

-¿Por qué?

-De la tele no me convocaron más y por eso mi nostalgia está tan puesta en Juan. Fue una enseñanza. Aprendés también a lidiar con los nuevos formatos y los nuevos profesionales y a entender que a lo mejor no encajás y por eso no te llaman. Pero no quiero ir para el lado del bajón, porque considero que tuve una carrera brillante.

Marcelo Tinelli junto a María Ester Sánchez

-¿Viviste épocas difíciles sin trabajo?

​-Nunca dejé de trabajar. Además revendí cosméticos. Me las rebusqué desde muy chica. Y superé el cáncer de mama.

-¿Cómo fue ese tránsito de la enfermedad?

-Hice un combo. Medicina tradicional y homeopática y me refugié en la fe. Me curé. Fue casi en la época en que se le declaró el cáncer a Badía. Por eso el día que me invitó a su programa de la TV Pública nos abrazamos de una manera especial y el público no lo sabía: vivíamos lo mismo.

María Ester Sánchez, locutora, junto a Badía, Luisa Delfino, Silvina Chediek y otros.

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