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La verdadera vida de Ricky Gervais, el alma detrás de esa joyita llamada After Life

La tercera temporada de After Life no sólo es una de las más buscadas de Netflix, sino que se convirtió en tema recurrente de recomendaciones en reuniones sociales o laborales y en redes sociales. Esta última entrega sigue abordando el duelo como tema principal, pero Tony, el viudo y personaje principal, ya le entreabre la ventana a la esperanza.

Gracias a la primera temporada de esta serie británica, muchos conocieron a uno de los comediantes más influyentes del siglo XXI: Ricky Gervais, aquí creador, guionista y protagonista.

El rótulo no es una exageración periodística: a fuerza de incorrección política y de una temeridad que no le impide hacer bromas con el tema que fuera, se convirtió en una figura ineludible a la hora de hablar de especialistas en el difícil arte de hacer reír.

Ricky Gervais, a la izquierda, junto a algunos de los ricos personajes secundarios de la serie.

Bebés muertos, sida, Dios, el Holocausto, los transexuales: no hay tema que sea tabú para este hombre nacido hace 60 años en Reading, el menor de cuatro hermanos, hijo de un canadiense trabajador de la construcción y un ama de casa inglesa.

Quiso ser biólogo, pero terminó estudiando Filosofía: un dato no menor a la hora de analizar sus monólogos, tan filosos como profundos. Además de darles una base ontológica a sus chistes, la University College London le proveyó una mujer: en sus años de estudiante conoció a la escritora Jane Fallon, su pareja desde 1982.

Su camino en el arte

Sus primeros pasos en el arte no estuvieron vinculados con la actuación, el teatro ni la televisión. Su sueño era ser músico. “Tenía 20 años cuando formé Seona Dancing y quería ser cantante. Mi gran error es que quise ser una estrella del pop. Si me hubiera conformado con ser músico… pero no, quise ser David Bowie. Y lo llevo lamentando 30 años”, contó en una entrevista con el diarioEl País.

Ricky Gervais en la segunda temporada de After Life, por Netflix.

Por suerte, salvo en Filipinas, el grupo fracasó y Gervais le tuvo que dar un giro a su carrera. Probó como representante de una banda tributo a Queen llamada Suede, y después entró a trabajar a una radio. Ahí conoció a Stephen Merchant, quien sería su gran socio creativo en The Office (2001-2003), Extras (2005-2007) y Life’s Too Short (2011-2013).

Mientras estaba en la radio, empezó a colaborar como guionista para programas cómicos de televisión.

Su debut frente a las cámaras llegó en 1998, cuando interpretó a un personaje obsesionado con Bowie. Un año más tarde empezó su fama, cuando reemplazó a Ali-G (el genial rapero creado por Sacha Baron Cohen) en un segmento de The 11 O’Clock Show. Ahí, Gervais llamó la atención por un lenguaje plagado de palabrotas y un contenido donde empezó a mostrar su falta de límites a la hora de bromear.

Y se ganó programa propio, pero Meet Ricky Gervais (2000) fue un fracaso del que él mismo todavía se burla.

La exitosa baldosa de The Office

No importó demasiado, porque enseguida llegaría The Office, un falso documental sobre la vida cotidiana en una oficina, donde él interpretaba al patético jefe, David Brent.

La serie cómica tuvo sólo quince capítulos, pero revolucionó la televisión por su forma de realización y su crudo sentido del humor. Tuvo una repercusión que excedió Gran Bretaña: se vio en más de 80 países y tuvo varias remakes, de las cuales la más famosa fue la estadounidense, protagonizada por Steve Carell.

Gervais llevó la riendas de la 77a edición de los Globo de Oro. Acidez y gracia sobre el escenario.

Después llegarían las otras series mencionadas escritas junto a Merchant, y los especiales de stand-up en los que se reveló como un monologuista irreverente y filoso. En ese sentido, Gervais parece haber recorrido un camino inverso al de colegas como Jerry Seinfeld o Louis C.K., que ya eran famosos como standaperos cuando tuvieron sus propias series.

Para dar una dimensión de su popularidad, alcanza con decir que, según trascendidos, Netflix le pagó alrededor de 40 millones de dólares por dos especiales de stand-up: Humanity (2018) y SuperNatural (se vería este año).

Escena de la primera temporada de “After Life: Más allá de mi mujer”, con Ricky Gervais. Disponible en Netflix.

Gervais también trabajó, con distinto grado de participación, en dos decenas de películas. Las más conocidas son sus apariciones en las tres entregas de la franquicia Una noche en el museo, donde interpreta al Dr. McPhee.

También dirigió, escribió, protagonizó y produjo cuatro largometrajes: La mentira original (2009), Los buenos tiempos (2010), Special Correspondents (2016) y David Brent: Life on the Road (2016, estos últimos dos, disponibles en Netflix), donde volvió a su personaje de The Office.

Fue cinco veces anfitrión de los Globo de Oro, entre 2010 y 2020, en la que, dijo, sería su última participación. “Por si alguien no lo sabe, los Globo de Oro son como los Oscar, pero con mucho menos prestigio. Si los Oscar son Kate Middleton, los Globo de Oro son Kim Kardashian. Un poco más ruidosos, más grasas, más alcohólicos y más fáciles de comprar”. Y hubo ovación.

Para evitar las críticas por sus descarnados chistes, explicó varias veces que sus ideas personales y el contenido de sus monólogos no van de la mano: “La razón por la que puedo decir lo que digo es porque creé un humor que considero a prueba de balas. Puedo apoyarme en su valor cómico. No es que yo crea en cada parte de esas bromas. Es una búsqueda intelectual hecha para desorientar”, declaró a Vanity Fair.

Además de su sarcasmo, en las redes sociales también despliega su veta de defensor de los derechos de los animales, militancia que comparte con su mujer. Con la que no está casado (“No tiene sentido tener una verdadera ceremonia ante los ojos de Dios, ya que no hay Dios”) ni tiene hijos (“No nos imaginamos dedicando a la crianza 16 años de nuestras vidas. Y ya hay demasiados niños, por supuesto”).

Ricky Gervais en Humanity, por Netflixy.

El edulcorado final de la primera temporada de After Life decepcionó a los admiradores de su acidez. Pero él alguna vez anticipó que en el fondo es un tipo sensible.

“Me considero un escritor o monologuista primero, y un actor después. La gente piensa que como humorista soy un provocador, pero nada me gusta más que un final feliz, el humor optimista de un par de idiotas como Laurel y Hardy, probablemente la mayor influencia de mi carrera. La comedia no es más que una tragedia a la que le sumás el paso del tiempo”. Palabra de autor.

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