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A veces los seres queridos resultan adversarios

Es lo que hay. Durante mucho tiempo me costó entender la profundidad de esta frase que a menudo se toma en sorna. Es lo que hay: a veces la realidad no se puede cambiar a nuestro gusto, por más que hablemos o hagamos un planteo, nadie nos escucha. Y mucho más si uno es chico y de alguna manera está sujeto a las leyes -tácitas- paternas.

Uno puede preguntarse demasiadas cosas sobre la historia de Verónica. A lo mejor hoy, incluso, algunas de estas conductas estarían penadas e intervendría el Estado. Quizás otro adulto (la madre, un tío, un abuelo) debiera haber puesto límites. Pero es lo que hay. No pasó. No fue. Y la autora tomó el toro por las astas cómo y cuándo pudo: con mis hijos, no, ese fue su límite. Así vivió los últimos años antes de la muerte de su padre. Defendió y se defendió.

Luego llegó el adiós y empezaron a jugar otros recuerdos. Que también los hubo lindos. Que había vivencias compartidas. Que pese a todo era su padre. La muerte -a veces estamos tentados a creer que sí- no aligera los grandes errores cometidos. Pero muchos piensan que una vez las cosas dichas y actuado en consecuencia, tampoco se puede seguir entrampado en la rabia. Hay que soltar.

Las historias más preocupantes, paradójicamente, son otras. Aquellas en las que no se pudo gritar el problema ni ponerle límites. Y la relación abusiva se mantiene hasta que un día explota. A veces lo hace por un período corto, y luego se vuelve a una falsa normalidad hasta el próximo round. Ahí quedan todos amalgamados en una viscosidad que no permite crecer. Siempre me han llamado la atención esos hijos grandes, cuarentones o mayores, que se siguen comportando casi como adolescentes con los padres. Se pelean, pero no se van de la casa. Tienen oficios oscuros, como si no pudieran brillar. Comen, a menudo, todos juntos pero casi no hablan.

Cuando ese padre o esa madre mueren sienten una especie de vacío en vez de libertad. No saben cómo conducirse sin el otro que en definitiva era un adversario porque no los dejaba crecer. Eso es lo grave, paralizarse. Buscar, en cambio, la independencia, parece de sabios, así se cometan errores en el camino.

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