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La Argentina ya no insiste con la “no injerencia” en Nicaragua y critica a Luis Almagro por la crisis

El Gobierno de Alberto Fernández rechazó este lunes en el seno de la Organización de Estados Americanos sanciones “unilaterales” a Nicaragua por conductas antidemocráticas, pero ratificó su reciente distancia con el régimen de Managua al apenas mencionar la no injerencia en los asuntos internos de ese país, un argumento en el que solía insistir junto con México y Bolivia. La Argentina, además, centró sus críticas en la Secretaría General del organismo, encabezada por Luis Almagro.

El mensaje de nuestro país fue calificado como “deliberadamente confuso” por el encargado de Human Rights Watch para la región, José Miguel Vivanco, según dijo a Clarín.

El Consejo Permanente de la OEA comenzó a analizar este lunes en Washington posibles sanciones a Nicaragua por violar los principios democráticos de la Carta del organismo, luego de considerar ilegítimas las elecciones presidenciales del 7 de noviembre en ese país.

Los comicios dieron como ganador a Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo por más del 75% de los votos, mientras que 7 de los candidatos opositores habían sido encarcelados por el régimen nicaragüense y arreciaban las denuncias de violaciones a los derechos humanos.

A su turno, el embajador argentino ante el organismo, Carlos Raimundi, señaló en un breve discurso que “Argentina rechaza la idea de aplicar sanciones o medidas unilaterales que lo único que logran es exacerbar las tensiones y perjudicar la situación de las ciudadanas y de los ciudadanos, creando paradójicamente un clima para tratar de justificar una mayor intervención externa”.

Y añadió: “Priorizamos las gestiones diplomáticas y el diálogo y abogamos por la reconstrucción de los canales de comunicación con las autoridades nicaragüenses para que en pleno ejercicio de su soberanía se pueda al mismo tiempo lograr el pleno cumplimiento de los derechos humanos”.

Raimundi centró sus críticas a la secretaría general del organismo, encabezada por Luis Almagro, con quien el kirchnerismo tiene una pésima relación: “Creemos que esta organización no ha sido eficaz…Aquí tuvimos sentado en este consejo al representante de un gobierno proveniente de un golpe de Estado como sucedió en Bolivia y sin embargo, no se procedió con la misma energía”.

Y añadió: “Esto quiero decirlo con absoluta claridad para evitar cualquier tipo de tergiversación: no estoy haciendo una defensa del gobierno de Nicaragua. Estoy sí planteando una situación crítica a la actual conducción de la OEA que no ha expresado, no ha manifestado la suficiente imparcialidad y, por lo tanto, eso le resta legitimidad”.

Desde un principio, la Argentina sostenía en el seno de la OEA, junto con México, Bolivia y la propia Nicaragua, que el organismo no debía inmiscuirse en los asuntos internos de ese país, a pesar de las innumerables denuncias de irregularidades y de violaciones a los derechos humanos presentadas por distintas organizaciones internacionales.

Los organismos expertos en el tema señalaron que este principio no corresponde en los casos de violaciones a los derechos humanos y muchos criticaban que la Argentina, que desde los tiempos de la dictadura es un tradicional referente en la materia, mantuviera esa posición.

En ese marco, y en una señal de acercamiento a los Estados Unidos, el 12 de noviembre la Argentina marcó un giro en su postura, se distanció de Nicaragua y acompañó la votación general de la Asamblea (solía abstenerse), que por mayoría consideró que las elecciones carecían de “legitimidad democrática” porque los principales competidores estaban arrestados. La resolución contenía además fuertes críticas a las violaciones de derechos humanos por parte del régimen de Ortega.

Este documento, además, instaba además al Consejo Permanente del organismo a analizar el caso y posibles sanciones por violación a la Carta del organismo, que contempla la suspensión de un país si viola la democracia. Esto es precisamente lo que comenzó a estudiar el Consejo este lunes, aunque Nicaragua se anticipó y pidió días atrás por su cuenta el retiro de la OEA, un proceso que puede llevar hasta dos años.

El embajador Raimundi, considerado un ultrakirchnerista y cuyo cargo podría estar en riesgo, suavizó este lunes su tradicional discurso de “no injerencia” e incluso apenas mencionó este principio, a diferencia de sus colegas de Nicaragua, México, Bolivia y San Vicente y las Granadinas, con quienes solían estar alineados, y que insistieron largamente este lunes con el tema.

Raimundi también buscó enfatizar “para evitar cualquier tipo de tergiversación”, que Argentina ratifica “de manera indeclinable” el compromiso con el sistema interamericano de derechos humanos y con el sistema internacional de derechos humanos”.

Consultado por Clarín, José Vivanco, director para las Américas de Human Rigths Watch, resaltó la poca claridad del mensaje argentino: “Me parece que la defensa de la dictadura de Nicaragua es menos beligerante o apasionada que en el pasado, sin embargo su posición sigue siendo altamente confusa, deliberadamente confusa”.

Vivanco resaltó que, por ejemplo, Raimundi dijo que Argentina se opone a “sanciones unilaterales” a Nicaragua, cuando es claro que el organismo regional actúa de manera multilateral. “No tiene sentido hacer esa declaración en un foro multilateral”, explicó.

El discurso de Raimundi “sigue siendo altamente deficitario por esta manera de expresar la posición. Increíble es la falta de claridad del gobierno argentino en su situación frente a estos valores. No queda claro dónde está Argentina. Su discurso es una cosa propia de Cantinflas”.

Washington. Corresponsal

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