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En la Casa Rosada esperan por las réplicas que siguen al terremoto

Después de los terremotos, siguen las réplicas. Y en eso estamos”. En la Casa Rosada cambiaron las metáforas meteorológicas que usaba Mauricio Macri por las sísmicas. El terremoto político en el Frente de Todos —tras la derrota en las PASO, las renuncias masivas, la carta de la vicepresidenta y el cambio obligado en el Gabinete— no se detiene, y las diferencias entre los funcionarios que responden a Alberto Fernández y los que responden a Cristina Kirchner son indisimulables, a pesar de los gestos de unidad que intentó plasmar el oficialismo.

“Alberto y Cristina van a estar en campaña cuando la gente necesite y quiera que estemos en campaña. Ahora Alberto tiene que volver a ser Presidente”, sostiene uno de los funcionarios más leales al mandatario.

El jefe de Estado intentó dar vuelta la página de su peor semana al frente del Ejecutivo. La llegada de Juan Manzur a la jefatura de Gabinete pretende darle “volumen político” a la gestión, con el respaldo de los gobernadores. “Por ahora no trae votos, pero renueva las expectativas. Hay que parar la sangría”, reconoce un funcionario cercano a uno de los jefes de La Cámpora.

La acotada asistencia presencial de los mandatarios provinciales a la reunión que el Presidente encabezó con Manzur en La Rioja la semana pasada fue la primera señal de alerta. El gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, que también fue derrotado en las PASO del 12 de septiembre, tomó distancia pública del Presidente y la vice. “No somos cristinistas ni Fernandistas”, dijo en un acto público que sus propios colaboradores se ocuparon de difundir en los medios nacionales.

El santafesino Omar Perotti, por su parte, tomó partido: enfatizó que solo participó de manera virtual del acto en La Rioja por las gestiones del ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro, el primer funcionario en presentar su renuncia. El exministro de Defensa, Agustín Rossi, que perdió en Santa Fe contra la lista del gobernador, sigue sin alinearse. El cuadro en esa provincia se agrava por las fotos de unidad que ensayan en la vereda de enfrente, en Juntos por el Cambio, luego de que la boleta de Carolina Losada se impusiera sobre otras tres listas en el tercer distrito electoral del país.

La desconfianza domina la relación entre el ministro del Interior —primer delegado cristinista y de La Cámpora en el Gabinete— y el Presidente, más allá de la reunión que mantuvieron y de los actos compartidos por De Pedro y Manzur.

La tensión quedó en evidencia con las declaraciones del ministro de Trabajo Claudio Moroni a Radio Con Vos. “No hace falta mandar una renuncia al diario (…) No hay por qué tener gestos ampulosos de presentar renuncias o cosas así”, dijo el funcionario, que responde en un cien por ciento a Fernández y hasta ahora era criticado por su excesivo perfil bajo. Luego, volvió a reducir su exposición, mientras De Pedro les pidió a los suyos que bajaran los decibeles.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, no evitó corregir la mirada de la vicepresidenta sobre las cuentas públicas. La respuesta quedó en manos del secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque. “No es tiempo de amarretear”, le contestó el ministro de Desarrollo bonaerense a través de los medios. Larroque había sido el primer funcionario de peso que pidió renuncias tras la derrota en las PASO.

Los armadores políticos del Presidente le bajan el precio a las declaraciones cruzadas. Aseguran que Fernández y Máximo Kirchner estuvieron “limando diferencias” durante más de dos horas. En público se reencontraron el miércoles en un acto en José C. Paz, pero llegaron y se fueron por separado, y casi no cruzaron palabra.

Más allá de la conversación telefónica que mantuvieron el Presidente y la vice todavía resta saber cómo escenificarán la tregua. “Ellos siempre encuentran su manera, que es muy personal”, dijo un ministro que no descartó un posible encuentro en las próximas horas. El cristinismo tiene en la mira desde el inicio de la gestión a los ministros del área económica: Guzmán, Moroni y Matías Kulfas, de Desarrollo Productivo.

En la reducida mesa política del Presidente por estas horas sostienen que el verdadero desafío es volver a recuperar “una impronta de gobierno”. Esa fue la dimensión de la crisis. “Tenemos que volver a tener una marca de gobierno, de gestión, eso es lo que pide la calle y se puede volver en la medida que haya un gobierno fuerte. Todos los actores de la coalición son conscientes de que no hay margen para nada”, apuntan, lejos de los pedidos de “ruptura” con los que varios ministros albertistas se envalentonaron 72 horas después de las PASO, en el despacho que todavía ocupaba Santiago Cafiero.

Los más leales a Fernández sostienen que el Gobierno se juega —en esta nueva recomposición del oficialismo— más que las elecciones del 14 de noviembre, en las que buscarán mejorar los resultados y dar vuelta la historia en alguna provincia. Más importante, aclaran, es cómo se encararán los próximos dos años de gobierno. Todos los anuncios económicos y de liberaciones de restricciones van en la misma dirección.

Luego de la foto de Olivos, el Presidente intenta reconstruir la “cercanía” con el electorado. Por eso apostó por una reunión íntima en Pilar mientras Manzur se hacía cargo del anuncio de una nueva etapa del programa PreViaje.

Tenemos que arremangarnos: la campaña ahora será la acción de gobierno durante los próximos 30 o 40 días y los últimos 14 días saldremos a pedir el voto. Planteamos las PASO como unas presidenciales y son unas legislativas”, sostenía otro ministro.

Los funcionarios políticos del Gabinete ponderan el estilo de ejecutividad que el gobernador de Tucumán le imprimió a la jefatura. “Llama a todos dos o tres veces por día”, afirman. Lo mismo dicen del flamante ministro coordinador de Kicillof, Martín Insaurralde, punta de lanza de los intendentes y Máximo Kirchner en la gobernación. El nuevo ministro coordinador de Kicillof visitó a Wado de Pedro, el viernes a última hora, en Casa Rosada.

La calma después de la crisis se sacudió con las renuncias en la Secretaría de Medios y en el Ministerio de Mujeres, donde la crisis podría seguir escalando.

En el medio, los voceros de Máximo y de Cristina Kirchner sorprendieron a cientos de periodistas al comunicar por primera vez en 21 meses de gestión, y solo después de la renuncia del vocero presidencial Juan Pablo Biondi, los anuncios del Gobierno. Para explicar el cambio de estilo citan una línea de la marcha peronista. “Todos unidos triunfaremos”, sostienen sin disimular la ironía.

LGP

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