como-y-por-que-sonamosSociedad 

Cómo y por qué soñamos

La esencia de los sueños han tenido desde siempre una atracción enorme para mujeres y hombres de este mundo. Empezando por la literatura y las artes, claro. Y pasando por los avances de la medicina que buscaban y buscan desentrañarlos. 

Para acercarnos a una explicación de los sueños, nada mejor que contar un caso. Se trata de un caso real. Hace unos meses una mujer dejó su trabajo tras aceptar una oferta de retiro voluntario. Desde entonces, tiene un sueño recurrente: vuelve a la oficina y encuentra que su escritorio está ocupado por otra persona.

La mujer cree que el sueño es un recordatorio inconsciente de que tomó una mala decisión al dejar su trabajo. Porque, ahora, en medio de la pandemia y de la crisis, le cuesta conseguir un nuevo empleo. Y, encima, ya tiene reemplazante. Aquí explicaremos, de manera sencilla, cómo y por qué soñamos.

Cómo y por qué soñamos

En el ciclo de los sueños aparecen imágenes desde que nacemos.

Antes que Sigmund Freud le encontrara una explicación simbólica en 1899, los sueños siempre estuvieron vinculados con cuestiones sobrenaturales y hasta predictivas. Existen leyendas que aseguran que Brian Stoker soñó con Drácula antes de escribir su novela. En 2009, por otra parte, un estudio reveló que muchos pasajeros cancelarían su vuelo si soñaran que su avión se estrella durante el viaje.

De todas formas, los estudios de Freud, plasmados en su obra La interpretación de los sueños, no contentaron a todos y han sido criticados, porque para él estaban relacionados, sobre todo, con la satisfacción de deseos; por eso los consideraba como una puerta al inconsciente.

Si bien el significado de los sueños mantiene gran parte de su misterio, como a principios del siglo XX e incluso mucho antes, ahora sabemos cómo se producen. Esto se lo debemos, sobre todo, a Eugene Auserisnky, de la Universidad de Chicago, quien, en 1951, experimentó con su hijo de ocho años.

Conectó al chico a un electroencefalograma para medir sus ondas cerebrales. Mientras dormía, al principio, el aparato no registraba casi ningún movimiento. Pero, en determinado momento, las agujas comenzaron a saltar. El investigador creyó que su hijo se había despertado, pero comprobó que seguía durmiendo plácidamente. A esta actividad inusitada, la llamó Rapid Eyes Movement (REM) o Movimiento Ocular Rápido.

Sigmund Freud nos hizo avanzar en el universo de los sueños y sus significados.

Cuando dormimos, el período REM ocurre cada hora y media, durante unos treinta minutos. Entonces, mientras el cuerpo permanece en reposo y solo siguen trabajando el corazón y el diafragma, se registra un movimiento rápido de los ojos, origen del nombre REM.

El Manual Merck de Información Médica para el Hogar explica que durante el sueño REM la actividad eléctrica en el cerebro es muy alta, semejante a la registrada durante la vigilia. El fenómeno REM forma parte de las cuatro fases del sueño, donde la cuarta es la de mayor profundidad.

Las cuatro etapas del sueño

Desde fines del siglo XIX, de la mano de Freud pero también de muchísimos médicos, terapeutas e investigadores que se inspiraron en él, el universo de los sueños se fue abriendo paso entre teorías médicas y datos científicos. Hoy cualquier clasificación o enfoque de los sueños reconoce en él cuatro grandes etapas. Y son las siguientes: 

  • Fase I o adormecimiento. Son los primeros 10 minutos del sueño. Cuando los ojos se mueven lentamente y estamos en el momento de transición. Son frecuentes las sensaciones de caída y los despertares. Tanto el comienzo como el final del sueño tienen estas etapas cortas.

  • Fase II o sueño ligero. No es la etapa de mayor relajación, pero ocupa casi un 50 por ciento del ciclo de sueño. En esta etapa el sueño se hace más profundo, las ondas cerebrales se lentifican y el movimiento de los ojos se detiene.

  • Fase III o transición. Es una etapa corta, de no más de 3 minutos. Pero es clave porque nos acercamos a la profundidad del sueño. Es cuando entramos en un estado de relajación profunda.

  • Fase IV o sueño profundo. También se la llama sueño Delta. Es la etapa más importante porque determina cuánto descansamos en realidad. Esta etapa ocupa el 20 por ciento del ciclo de sueño. Relajación total.

¿Cuánto tiempo dormimos? Bastante: pasamos casi un tercio de nuestra vida durmiendo. El REM ocupa una buena parte de estas seis u ocho horas diarias, como dijimos, interrumpida por la fase 1, durante el cual solemos despertarnos con mayor facilidad.

En el ciclo del sueño también aparece un relato o historia. ¿Soñamos lo que vivimos?

El REM, en tanto, varía según la edad. Puede abarcar casi la mitad del tiempo dedicado a dormir en los recién nacidos y solo una cuarta parte desde los 10 años en adelante.

En la búsqueda de respuestas más biológicas que psicológicas, en 1977, los psiquiatras de la Universidad de Harvard Allan Hobson y Robert McCarley publicaron la teoría denominada activación-síntesis.

Aseguran que, durante el REM, el tronco encefálico —la parte más antigua del cerebro diseñada para la supervivencia— le envía a la neocorteza —responsable del razonamiento— una especie de “ruido neuronal” que la última trata de interpretar mediante imágenes y experiencias vividas. De esta manera, se formaría la “narrativa” del sueño.

Este mecanismo explicaría por qué los sueños tienen gran parte de irrealidad. En el ejemplo de la empleada, ella reconoce su lugar de trabajo con precisión, pero la persona que ahora está sentada a su escritorio es un perfecto desconocido.

Para William Domhoff, quien estudió unos 20.000 reportes de sueños durante cinco décadas, en cambio, hay mucho de realidad en los sueños. Asegura que constituyen “una dramatización de nuestras preocupaciones, que suelen tener el peor de los escenarios: vamos a reprobar el examen o vamos a olvidar nuestro diálogo en una obra de teatro”.

¿Para qué soñamos?

Deseos, preocupaciones y temores, entonces, serían la materia prima de los sueños. Pero, todavía queda responder ¿para qué soñamos? Al respecto, también existen varias teorías.

Dormimos un tercio de nuestras vidas. El descanso físico y psíquico ocurren en ese ciclo del sueño.

Algunos especialistas consideran a los sueños como simulacros de amenaza. Por ejemplo, soñar que uno lucha con leones o enfrenta a un ladrón. Una manera inconsciente de prepararnos.

Los sueños también podrían ayudar a consolidar la memoria, porque, durante la noche, el cerebro no descansa, sino que estaría ocupado en recopilar recuerdos, en vincular conceptos separados que necesita relacionar.

Otra teoría es que los sueños colaboran a reducir nuestros miedos, porque solemos soñar sobre temores, pero en un contexto diferente al real. Claro que, si el mecanismo falla, tenemos una pesadilla y nos despertamos sobresaltados y angustiados.

Lo más probable es que los sueños sean un reflejo simbólico de las preocupaciones, en una selección de los recuerdos registrados durante el día. Por eso, como a la empleada del ejemplo, cada vez son más las personas que sufren pesadillas en lugar de tener sueños agradables.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

Articulos relacionados