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Boca sufrió el castigo tecnológico, y ahora se plantea un problema político

A Boca Juniors le anuló, el VAR, dos goles en dos partidos. Los dos encuentros de octavos de final, con Atlético Mineiro. Como consecuencia de eso, fue empate, fueron a los penales, y Boca quedó afuera de la Copa Libertadores, su máxima aspiración de los últimos años. Hasta aquí, la narración breve de lo acontecido. Pero no es toda la narración: deberá incluirse que los dos fallos del VAR no convencieron a nadie. Y quedó planteado, por lo tanto, un tema político: el de cómo conjugar, en territorio de injusticias como es América Latina, la tecnología con el fútbol, esa pasión irreductible.

La decisión de anular el gol en la Bombonera, fue justificada en un presunto foul de Briasco -empujón- que por más que se mire un millón de veces, no existió en la realidad de las cosas. La del encuentro en Brasil, fue un offside, tan mínimo, que hubo que hacer un esfuerzo también para validarlo. En este caso, no es discutible, porque, tal como están las reglas del juego, y cómo se ha dicho deben interpretarse por la tecnología, la anulación fue correcta. Pero igual no convence. Siembra la duda, y se traduce en una necesidad política, un desafío interesante: ¿Habrá que adecuar la interpretación de la norma, en función de que ahora existe una tecnología capaz de detectar el adelantamiento de la mínima puntita de un botín?

La regla del offside nació para no permitir una ventaja inicial en la posición de un delantero respecto de los defensores. Los árbitros la cobraban «a ojito». Si estaban pegados, la regla favorecía al que atacaba. En definitiva, el gol es el fundamento de la competencia en el fútbol. Cuando llegó el VAR, los offside o fuera de juego empezaron a ser laudados por la tecnología milimétrica. El debate ahora es si subordinar todo un espíritu del juego a una máquina impiadosa vale la pena, o, incluso, vale el riesgo de arruinar uno de los deportes más lindos que ha inventado la humanidad.

En los potreros, el offside no se cobra. Tal vez, haya que recuperar algo de esa filosofía originaria.

Rubén Boggi

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