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Dólar: la señal de desconfianza que sigilosamente da el mercado

La estrategia oficial de “pisar” cada vez más marcadamente el precio del dólar, para tratar de aplacar la elevada inercia inflacionaria que muestra la economía, para el mercado ya tiene fecha de vencimiento: se le hará costosa de sostener cuando termine la temporada alta de liquidaciones del agro y pasará al olvido luego de que los argentinos se expresen nuevamente en las urnas.

La señal la emite el mercado local de futuros, es decir, la evolución de los precios que se pactan para el dólar tanto en el Matba/Rofex (plaza más activa y de la que se tomaron referencias para esta nota) como en el MAE a partir de las tasas de interés que representan.

Observando esos precios se puede comprobar que en los últimos 29 días “las tasas efectivas que rinden treparon 856 puntos básicos en promedio en las posiciones a liquidarse desde fin de octubre hasta fin de febrero”, apunta el analista Andrés Reschini, quien sigue a diario de cerca esas plazas.

Esto significa que los precios a los que se pactan esos contratos se encarecieron entre $3 y $4,37, al pasar la zona de los $115,50 a la de $118,65 para vencimientos en noviembre o de $128,20 a $132,60 para los de febrero, por caso.

Mientras esto sucedió, a su vez, las posiciones más cortas se abarataron entre 0,17 y 0,86 centavos en el mismo tiempo (partiendo del fin de abril al fin de junio) mientras los plazos medianos sólo acompañaron la tendencia de los contratos largos por la mitad, mostrando que -para el mercado- el Banco Central (BCRA) podría enfrentar dificultades para mantener el tipo de cambio oficial anclado a partir de julio, es decir, cuando las ventas del agro comienzan tradicionalmente a declinar.

Es que los operadores estiman que esa tarea se le haría más compleja al Central si -además- debiera usar buena parte de las reservas recompradas para concretar, a fin de mayo, el pago de US$2382 millones (entre capital, intereses y los punitorios agregados tras la renegociación que encaró el hoy gobernador Axel Kicillof en 2014) al Club de París.

Para el analista Hernán Rozin, si bien la ampliación de las tasas en el ultimo mes “fue significativa”, parte de eso podría obedecer a que “se trata de un mercado menos líquido desde que el BCRA -principal vendedor- se corrió el último mes. Si a eso le sumás que hubo algunos jugadores más buscando cobertura…”, explica en relación con los desplazamientos registrados

Unos pisan el freno, otros ponen el pie en el acelerador

El Gobierno viene pisando el dólar marcadamente desde que lo anunció el ministro de Economía, Martín Guzmán, a poco de comenzar febrero.

Ese mes habilitó una actualización del precio de referencia del 2,9%, un ajuste que quedó 7 décimas rezagado respecto de la inflación, pero en marzo redobló su apuesta al dejarlo correr apenas 2,4%, es decir, a un ritmo que apenas cubrió el 50% del IPC general, receta que repite en abril dado con el billete subió apenas 1,1% hasta hoy mientras la inflación apunta a cerrar entre 3,6 y 4%, según la medición privada que se considere.

“El ritmo del crawling-peg bajó del 38% en febrero al 28% en marzo y se encuentra en torno al 18/19% promedio en abril, cada vez es más bajo”, hizo notar en un informe la consultora Portfolio Personal Inversiones (PPI). “Es evidente que el BCRA insiste en mantener el ‘ancla cambiaria’ si bien pareciera no haber logrado -hasta el momento- reducir las presiones inflacionarias”

Esa estrategia, junto a una sostenida compra de reservas, le permitió al BCRA bajar en los últimos meses sus niveles de intervención sobre los mercados locales de futuros, tarea en la que había llegado a comprometer el equivalente del 13% de sus reservas brutas hacia los meses finales de 2020 (cuando tenía una exposición superior a los US$5600 millones) y en la que ahora involucra bastante menos de la mitad de ese monto.

Sin embargo, para los operadores, si el mercado mantiene en las próximas semanas la evolución que mostró en las últimas, el BCRA deberá volver a mostrar presencia en esas plazas para intentar “marcar” precios.

“Hasta fines de marzo el mercado no pagaba más que la tasa Badlar por cubrirse de fin de octubre en adelante, pero desde abril eso cambió y se empezaron a pagar primas cada vez más por encima de esa tasa. Así se abrió una brecha que, probablemente, acentúa la demanda de cobertura porque el BCRA se resiste a subir las tasas. Sin embargo, la presión que ejerce la inflación y la incertidumbre creciente sobre la sostenibilidad del ritmo devaluatorio hace que el mercado ponga las tasas que pone y si no quiere esa suba de tasas debería volver a intervenir en futuros para tratar de mantenerlas arbitradas”, insiste Reschini en alusión a tasas que se mueven ya del 49 al 50% de diciembre en adelante.

Lo que el mercado evalúa es que viene creciendo la posibilidad de que, después de la elecciones, el Gobierno deba aumentar el ritmo de devaluación oficial del peso. Esa lectura se hizo más general al sepultarse las expectativas de un arreglo con el FMI y el Club de París”, hace notar Sebastián Sansevero, quien despunta su pasión por el mercado desde el Estudio Dávalos & Asociados.

“Una vez entrada la segunda parte del año, con menor ingreso de dólares del agro, mayores vencimientos de deuda y más incertidumbre por las elecciones, habrá más volatilidad y mayores dudas sobre la capacidad de controlar el tipo de cambio”, coincide Rozin.

La suba de los futuros se da en un marco de notable firmeza de los dólares alternativos o financieros, que contrasta con lo que se venía observando en las últimas semanas. Es decir, parece ser parte de una señal de desconfianza hacia la estrategia oficial. “El Gobierno usa al dólar oficial como ancla para aguantar los precios, pero se expone a volver a abrir la brecha con los dólares alternativos y ya sabemos lo que eso significa”, advierte el analista financiero Salvador Distéfano.

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