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Se prepara otra propuesta, que buscará respaldo político

De esta semana no debería pasar la resolución del conflicto, dicen. Todos mueven lo suyo en la cresta de la ola virulenta, y la tensión augura un desenlace. El gobierno pasó un fin de semana de extrema concentración en las posibilidades de salida. Hubo pases de factura, exhibición de culpabilidades, discusiones, llamados al respaldo partidario, convocatoria a vigilias de apoyo casi religiosas. Al fin, algo se pudo sacar entre decenas de versiones, no todas creíbles. Habrá otra propuesta. Pasará por lo político. Y buscará promover el consenso.

Se sabe que Omar Gutiérrez está parado sobre la puerta que abre el tesoro. El gobernador se niega a cualquier locura que rompa un presupuesto sostenido a duras penas. Al mismo tiempo, se ha admitido ya que los trabajadores de los hospitales gozan del masivo respaldo de la población, y que este es un factor que juega en el contexto del conflicto, más allá de la organicidad y representatividad legal que tengan sus referentes. ¿Qué es no hacer locuras? Para el gobierno, es claro que no se puede comprometer más porcentaje sobre el básico de los estatales, que el que ya se otorgó. También sabe, o intuye, que no hay posibilidad de acuerdo para bonos que lleguen sin masa crítica suficiente.

Esto es lo que se intentará cambiar, según se desprendió de lo poco que se pudo saber desde una afiebrada Casa de Gobierno con entrada y salida de apurados funcionarios y diputados. La idea que tomaba cuerpo era la de la excepcionalidad. En concreto, aceptar que hay que ofrecer un mecanismo de recomposición para todo el año a los trabajadores de los hospitales; y, como del presupuesto no asoma la forma de juntar el dinero que haría falta, se acudiría a un endeudamiento.

Es una salida, si se concreta, más política que económica, y su rasgo esencial es que el gobierno involucraría concretamente al conjunto de partidos políticos que tienen representación parlamentaria, en una posibilidad de solución al conflicto: no hay forma de que el Ejecutivo pueda tomar un endeudamiento, si este no pasa por la consideración del Poder Legislativo.

En paralelo, cobraba fuerza otra medida política: la de congelar o aún reducir salarios de las plantas políticas, con el objetivo de que esa diferencia, ese “ahorro”, se vuelque a los bolsillos de los trabajadores de los hospitales como parte de otro refuerzo de la asignación Covid.

Estas cuestiones, que podrían ponerse en marcha esta misma semana ante lo imperioso de resolver, ya en tiempo de descuento, el virulento presente de rutas bloqueadas por la euforia militante, se hablan en un MPN absolutamente enervado por la coyuntura. Se atina a afianzar y defender la figura del gobernador, esencial para sostener la cordura de una estructura política que no puede dar señales de desmayo por más fea que se presente la situación. No está en discusión esta cuestión, es parte de la disciplina. En todo caso, se hacen correr versiones que, elípticamente, promueven ese reflejo de autodefensa que el partido provincial ya ha experimentado muchas veces, a lo largo de su rica historia.

Faltan pocas horas para que surja la lucecita de una linterna nueva en la oscuridad de la encerrona; pero no se sabe si ese pequeño haz de luz alumbrará el camino hacia el objetivo que se pretende lograr, o si solo será un relámpago, algo más efímero, aquel fósforo que fue, para el tango, un amor pasajero.

Rubén Boggi

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