Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta: un vínculo que trasciende la pandemiaPolítica 

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta: un vínculo que trasciende la pandemia

“Hay que construir liderazgos racionales, porque los irracionales ya existen”. La reflexión de un influyente miembro de gabinete nacional apunta a la relación, a veces fluctuante, del presidente Alberto Fernández con el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta​, que tiene un claro objetivo que ellos jamás reconocerán en público: dejar atrás la lógica política –también los liderazgos- que encarnan Cristina Kirchner y Mauricio Macri.

Pero este ensayo genera internas, roces, porque ninguno quiere resquebrajar sus coaliciones y tampoco los ex presidentes pretenden perder su cuota de poder. Entonces, Alberto Fernández se entremezcla con las críticas cristinistas a Larreta reclamándole por los adultos mayores del Pami que deben ir de la Ciudad a la provincia para atenderse; o el alcalde responde al calificativo de “amigo” del mandatario dando a entender que no hay reciprocidad. El juego del pegue y despegue.

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“Siempre dejando en claro que son oficialismo y oposición, que están en lados opuestos, tienen que dar certidumbre a la sociedad, demostrar que son capaces de dialogar y a veces ladrarse un poco, para dejar en claro nuestras diferencias”, describe un funcionario, a favor de esta construcción. Cuentan que se hablan y chatean prácticamente todos los días. Con la pandemia, se cruzan papers y artículos de especialistas y expertos. Tienen un mecanismo muy aceitado.

Pese a todo, en la Casa Rosada están dispuestos a avanzar en ese vínculo más allá de la pandemia. El mandatario parece haber encontrado un par opositor con el que poder recrear acuerdos, entendimientos entre fuerzas políticas opuestas, que décadas atrás eran moneda corriente entre los líderes del peronismo y el radicalismo. Hoy, el escenario está dividido en dos grandes coaliciones, fuera de las cuales casi no quedan alternativas políticas: el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Alberto F. y Horacio RL. quieren liderar esos frentes.El tiempo dirá si lo consiguen.

Alberto Fernández ha empezado a sondear a Rodríguez Larreta para contar con su apoyo a un plan económico pos pandemia. No para el AMBA, una iniciativa nacional. El aval del principal referente de la oposición, cuya imagen en las encuestas está pegada a la del Presidente, ya había sido tanteado para la reforma judicial. De hecho, él fue quien hizo de puente entre Inés Weinberg de Roca y el Gobierno para su incorporación al Comité Asesor. Pero las conversaciones en lo económico, que recién se inician, podrían marcar una nueva etapa política.

En el entorno de Larreta dicen que está dispuesto a dialogar sobre un plan de salida a la crisis y eventualmente respaldarlo, además de discutir hacia adentro de su fuerza un apoyo. “Sabemos que en Juntos por el Cambio nos van a putear, pero si profundizamos las diferencias, la grieta, ¿cómo vamos a llegar todos al 2023? Nadie gana si llegamos mal, argumentan. Ese mismo concepto es compartido en la Casa Rosada, “Si nos va mal, perdemos todos”, razonan.

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Claro, en el larretismo y en el albertismo –llámese así no una corriente interna sino a los dirigentes fieles y más cercanos al Presidente- son conscientes que el límite es Cristina Kirchner, que puede hacer volar todo por los aires. Aunque con diferencias, podría decirse que Cristina es a Alberto Fernández lo que Macri a Rodríguez Larreta. Sombras políticas de las cuales es difícil despegarse porque tienen un fuerte arraigo en un segmento del electorado. En el caso de la vicepresidenta, además, tiene un poder que lo administra a través del manejo de espacios en el Gobierno y en ambas cámaras del Congreso nacional.

La historia contemporánea argentina está plagada de internas entre presidentes y vices. Varía el desenlace. Algunos como Eduardo Duhalde cuando Carlos Menem era el jefe de estado, terminaron dejando su puesto y yéndose a la provincia de Buenos Aires; otros fueron silenciados, como el radical Julio Cobos, número dos de Cristina, después de su voto no positivo de la resolución 125 sobre retenciones al agro; y están los que culminaron renunciando y dejando al gobierno en crisis como Carlos “Chacho” Alvarez en la presidencia de Fernando de la Rúa.

Las diferencias entre Alberto y Cristina existen pero en el Gobierno están convencidos que el desafío es que todo “quede adentro”. “A nosotros lo que no nos puede pasar es que nos peleemos adentro. Eso no va a suceder”, aseguran cerca del mandatario. La apuesta es a mediano plazo. “Esto lo va a aclarar la gestión y después las elecciones legislativas”, proyectan a favor de Fernández. Aunque admiten que lo que importa es qué va a privilegiar la sociedad, que puede polarizarse mayoritariamente y será difícil salir de esa lógica, o bien como creen, valorar la construcción democrática y el diálogo.

Rodríguez Larreta lo tiene detrás a Macri. Ha habido diferencias entre ambos, sobre todo por su “excesivo” acercamiento con el Presidente, en el marco de la pandemia. Macri nunca ha archivado su intención de volver, pero antes puede que necesite candidatearse a diputado para contar con fueros que podrían hacerle falta si siguen evolucionando las causas judiciales en su contra. Claro está que sus movimientos son a veces errados si pretende mantener el caudal político con el que dejó el gobierno. Su ausencia en plena lucha contra la pandemia, sin actos solidarios ni gestos para acompañar a millones de argentinos que padecen la crisis sanitaria y económica –de la cual es en parte responsable- y sus viajes al exterior, van en sentido contrario haciendo dudar sobre el volumen de su representatividad.

“En 2021, año electoral, no se va a discutir el liderazgo de nada, ¿para qué? Cada uno defenderá su parte. No es necesario dirimir quién es el líder. Eso te lo marca la propia dinámica”, sostienen cerca de Rodríguez Larreta. Saben que se anticiparon los tiempos y que eso no es bueno. A principio de año la idea era que Macri quedará en primera fila, siendo blanco del Gobierno por la herencia económica. Sin embargo la pandemia cambió todo. Por un lado dejó expuesto en esa primera fila a Larreta, que se posicionó con un alto nivel de conocimiento a nivel nacional que no tenía. Pero también queda en la mira del ala dura oficialista, el cristinismo, que no quiere que crezca quien será el rival a vencer en 2021.

“El Frente de Todos se corrió al centro para ganar la elección, pero ahora se están corriendo a uno de los extremos empujados por Cristina. Por el contrario, en Juntos por el Cambio estamos ganando espacio los moderados, Larreta, Vidal, Santilli, Lousteau, los que nos corremos al centro”, describe un larretista.

Cerca de Alberto Fernández concluyen que el dato político es la desaparición del radicalismo como partido y de su influencia desde lo institucional, el diálogo, la negociación. Mientras que en esas épocas las fuerzas de derecha estaban “más cercanos a los cuarteles”, interpretan que Macri logró que esa derecha se democratizara y, aún con una muy mala gestión, absorbiera a la UCR.

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El temor en Olivos es que Larreta construya “un liderazgo más racional” y se posicione sobre lo que era el viejo radicalismo, sumándole la gestión, que es “fuerte”, dicen. Si lo logra, dicen, el debate será entre Alberto Fernández, conteniendo –literalmente- la coalición Frente de Todos y Larreta con el radicalismo como soporte. Y ganará, afirman desde el Gobierno, el que se lleve ese porcentaje suelto de la ciudadanía, que se ubica en el centro.

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