Detrás de la gira de Fernández: corridas bajo el sol, selfies y platos típicosPolítica 

Detrás de la gira de Fernández: corridas bajo el sol, selfies y platos típicos


El candidato pidió que no se filtrara el contenido de su clase Fuente: LA NACION – Crédito: Facundo Pechervsky

MADRID.- No se lo había propuesto. Pero
Alberto Fernández fue este martes
figura en el elegante
barrio de Chamberí, uno de los más castizos de la ciudad, donde asienta su sede la universidad privada en cuyo máster en Imagen Política participa hace más de diez años.

Fue un día atípico para su ajetreo habitual. “Por qué están aquí”, preguntaron vecinas ante el inusual despliegue de prensa frente al el
histórico edificio de la Universidad Camilo José Cela.

Una veintena de periodistas españoles y de medios internacionales esperaba al
ganador de las primarias. Apretaba el sol del verano. Su guardia de tres horas fue en vano: Fernández optó por el silencio.

En su afán de reserva, el exjefe de gabinete caminó a paso apurado más de cincuenta metros por las anchas veredas del lugar, literalmente perseguido por el apretado scrum de prensa. Los vecinos no daban crédito al espectáculo.

“Pero, ¿quién es ese señor, a quién persiguen tanto?”, decían, con un volteo de cabeza. Los quince puntos a su favor en las PASO y lo que proyectan sobre un eventual futuro convirtieron a Fernández en
objetivo de cámaras y luces.

De todo eso se refugió en la mesa que lo esperaba en el “Mentidero de la Villa”, un restaurante tradicional de la zona. Conocido por una carta acotada pero sustanciosa en carnes, pescados y jamón del bueno, el de Jabugo, los precios allí oscilan entre los los 60 y los 90 euros por comensal. César, uno de los camareros “de toda a vida”, sabe que allí, donde suelen recalar empresarios, políticos “y abogados”, prima la discreción.

Allí llegó Fernández acompañado por su acotada compañía. El diputado Felipe Solá y su esposa, la jugadora de polo María Helena Chávez; el excandidato presidencial chileno Marco Enriquez Ominami; el exsecretario de turismo bonaerense Miguel Cuberos y la politóloga Cecilia Nicolini.

Antes de eso, Fernández se había abrazado con el director del curso de Gestión Pública y Asesoramiento de Imagen que lo tiene como profesor, el académico español Jorge Santiago Barnes, y con su coordinador en Buenos Aires, Santiago Comadira.

Un caluroso encuentro con el candidato que, con su desempeño, se convirtió en uno de sus profesores más taquilleros del programa para futuros dirigentes. “Este es un caso en sí mismo. Fue crítico de
Cristina Kirchner, luego ella lo elige como cabeza de la fórmula; gana las primarias y se posiciona para la elección definitiva”, se entusiasmó uno de los participantes.

Pero lo que dictó el exjefe de gabinete no fue una clase sobre política argentina sino sobre política como materia. Y parece que entre sus conceptos preferidos figuraron “consenso” y “política real”. Esa que, por muy bonita que suene, “si no la cree la gente, si no la percibe como real, no sirve”.

Al consenso lo ubicó como un elemento clave de la construccción política. Imposible imaginar que avance un proyecto con una sociededad fracturada en antagonismos, vino a decir el profesor Fernández.

Y para que no queden dudas de que no hablaba de la Argentina, la palabra “grieta” ni se mencionó, al tenor de lo que dijeron a la nación al menos dos de los participantes.

De países de América latina provienen la mayoría de los inscritos en el máster, que no baja de los 3000 euros por cabeza. Algunos de ellos descienden de familias tradicionales de la política en la región, con ganas de hacer ellos mismos su propio camino.

Fuera del claustro, de lo que no se cansó Fernández fue de prestarse a selfies con simpatizantes argentinos. “Te sigo a muerte”, le dijo uno de ellos. “No aflojes ahora”, le dijo otro. Un tercero quiso interesarlo en un documental sobre temas de Derecho que estaba produciendo.

En plena carrera por las amplias veredas de Chamberí, Fernández prestó fugazmente oido al asunto. “No dejes de avisarme cuando el documental se exhiba”, lo conminó. El realizador en ciernes sonrió, feliz. Política real.

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