Luis Scola, íntimo: “Viví en todo el mundo y no tengo problemas si hay que irse, pero quiero darle una oportunidad a Argentina”Deportes 

Luis Scola, íntimo: “Viví en todo el mundo y no tengo problemas si hay que irse, pero quiero darle una oportunidad a Argentina”

Durante la hora y cuarto de charla en el restorán del Dow Center de Bahía Blanca, un distendido Luis Scola no dejó tema sin tocar. Desde la posibilidad abierta del retiro y la situación actual y futura de la Confederación Argentina de Básquetbol hasta el análisis respecto a la actualidad deportiva de la Selección y los espejos donde mirarse a futuro, el capitán recorrió un amplio abanico de preguntas. Y también mostró su lado más humano, yendo de los sacrificios (y el concepto que se tiene de los mismos) hasta el valor de su familia y la crianza de sus hijos.

-Siempre renegaste de la glorificación de ciertos sacrificios que para vos no son tales, como tomarte un avión desde China para jugar Eliminatorias. Pero has hecho algunos en tu carrera. Sin ir más lejos, no estuviste acá cuando nació Tiago, tu primer hijo.

-Es que todo eso tiene que ver con llevar la historia a un lugar de esfuerzo sobrehumano. Es eso de lo que estoy en contra. No vi nacer a mi primer hijo; ¿me hubiera gustado? Sí. No fui de viaje de egresados; ¿me hubiera gustado? Sí. ¿Me gustaría estar hoy con mis hijos en la Ciudad de los Niños, que es donde están y desde donde me mandan videos? Sí. Sin embargo, ponerle un tinte de sufrimiento a, por ejemplo, mi carrera, es no reflejar la realidad. Mi carrera fue genial, fue un camino fantástico: viví un montón de Juegos Olímpicos, viajé, conocí gente, estuve en lugares en los que nunca podría haber estado de no ser por el básquet… ¿Dejé de hacer cosas que me hubieran gustado? Sí. ¿Tiene sacrificios el básquet? Sí. Pero ponerlo en un contexto de situación “sufrida“ no refleja la realidad. Esta es una profesión espectacular que volvería a elegir mil veces si naciera de nuevo y pudiera elegir. Incluso mis hijos la han disfrutado. No lo sé, pero si le preguntás a mis hijos si preferirían que yo no estuviera un día y después hacer alguna de las mil cosas que hemos hecho, no tengo dudas de que te dirían que sí. El balance es mucho más a favor de lo que sí pude hacer.

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-En escalas distintas, parece muy similar a lo que te pasaba con tu papá. ¿Es una historia que en cierta forma se repite, la que tenés con tus nenes?

-Sí. Mi papá no viajaba tanto porque no jugaba Liga, pero sí. (Los jugadores) Viajamos, no estamos mucho, pero siento que igualmente les estoy dejando algo a mis hijos con lo que hago dentro de la cancha y con mi enfoque para con la profesión; que les dejo un mensaje que les va a servir tanto si juegan al básquet como si no.

-Lo tomás como una manera de educarlos, también.

-Creo que sí. No te lo puedo confirmar, habría que ver cómo lo asimilan ellos, cómo crecen, pero creo que esta es la manera que uno debe tomar la vida y cualquier profesión. Y si ahora voy y les digo que tienen que hacer tal cosa de tal manera, tiene mucho más valor si es la manera en que las estoy haciendo yo.

-No es lo mismo ejercer un liderazgo en un grupo de trabajo como un equipo de básquetbol que en la familia, pero al fin y al cabo se desprende de lo que decís que actuás con ellos de un modo similar, más a partir del ejemplo que de la palabra.

-Soy vocal, pero si no hacés lo que decís, perdés credibilidad y es muy difícil crear un impacto en cualquier persona, ya sea un hijo o un compañero de equipo. Estoy convencido de eso.

Líneas arriba, Scola mencionó a su papá. Mario, ex jugador, empezó a llevarlo a los vestuarios de Capital cuando Luis no tenía más de 4 años. Y en la actualidad es habitual verlo viajar con Alicia, su esposa y mamá de Luis, a ciudades del Interior, como sucedió en las ventanas de Eliminatorias, para ver a su hijo. En estas dos décadas Scola padre, incluso, en muchos torneos internacionales ha sido el único familiar de los distintos planteles presente.

“Ellos fueron un apoyo emocional tremendo y constante desde las épocas de Mini, cuando me llevaban y traían a todos los partidos -recuerda el capitán de la Selección-. Y la forma en que mi papá vive mi carrera es inspiracional. Con el correr del tiempo fui a otros lugares, tuve distintos niveles de protagonismo y jugué muchos años. No te digo que la gente empiece a perder interés, pero es difícil estar todo el tiempo ahí. Y hay una persona que no perdió ningún tipo de interés en mi carrera, que ve todos los partidos, que busca todas las noticias, y es mi papá, que siguió mi carrera de una manera conmovedora. Me alegra de que haya podido verla sin perderse de nada. Él es la principal persona por la que juego. Y hay muy poquitas personas de las que me interesa su opinión. Él es una”.

En este tren de acompañantes de la vida y la trayectoria de Scola, hay otra pata fundamental: su esposa, Pamela Rocchetti. “Lo que hace ella es increíble -asegura Luis-. Me sigue a todos lados, lleva a los chicos, está lista para ir al próximo lugar con buena onda… Yo siempre me pude ir con la tranquilidad de saber que haría que todo funcionara. Ella es todo para mi carrera, hizo que sea mucho más fácil y por ende tan larga como fue”.

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Cuando está en Buenos Aires, Scola y sus hijos siguen yendo al club de toda la vida familiar (AFALP, en Ciudad Jardín Lomas del Palomar). Es inevitable pensar que su futuro de ex basquetbolista está en Argentina.

-Por lo menos inicialmente, sí, es el plan. Viví en todo el mundo y no tengo problemas si hay que irse, pero quiero darle una oportunidad a Argentina. Creo que voy a estar mejor acá que en otro lugar. Lo importante es que mis hijos estén felices y creo que eso puede pasar acá. Después, si me tengo que ir, no habrá problemas-, afirma Luis.

Scola juega por vigésimo año en la Selección mayor. (Foto: @cabboficial)

-¿Cómo hacés para trasladarles que el mundo y la realidad en que ellos viven son distintos a los del común de los otros chicos?

-Puede ser que no sea el de la mayoría, pero es el mundo, o parte de él. Intentamos vivir lo más parecido a como vive el resto de la gente y que nuestras vidas sean lo más normales posibles. Y creo que lo estamos logrando. Parte del estar contentos en un lugar es estar “normal“. Si uno tiene que cuidarse de todo lo que hace, es también una forma de no estar cómodo y contento…

Como es de esperarse, los mini Scolas son muy basquetboleros. Es habitual verlos ir a la cancha con papá y corretear en los parquets. Tiago, el más grande, juega en las divisiones formativas de AFALP y no son pocos los que ven movimientos marca Luifa en cada acción. Pero el ala-pivote del seleccionado toma las comparaciones con naturalidad: “No pasa nada. Tendrá que aprender a vivir con eso. Tampoco sé si hay mucho por hacer. Me preocupa que la pase mal en cualquiera de sus formas, que sufra por lo que le puedan decir, que la gente crea que él tiene que hacer algo que no pueda, o que él mismo crea que tiene que ser algo en particular. Intento hablar con él, pero tendrá que vivirlo. Él y los otros tres”.

-¿Y cómo son ellos?

-A Tiago le encanta el básquet, muchísimo. Es trabajador, le gusta entrenar, esforzarse. Tomás es quizás lo opuesto: el básquet le sale más natural, es zurdo, juega muy bien y es muy atlético; es más creativo y estético y no le gusta tanto entrenarse. Matías tiene una obsesión por la pelota que a veces asusta; si estuviera acá, podríamos estar hablando y si empieza a picar una pelota en algún lado, lo vas a ver que empieza a hacer así (mira de reojo hacia el costado), y así, y así, y no puede, hasta que le decís “andá” y sale corriendo. Y Lucas es chiquito, lo cargamos mucho porque habla… Es un crack. Ya se repartirá de nuevo todo cuando empiece a crecer, pero bueno, es el más chiquito…

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