Agustín Pichot: “Nos puede volver a ir mal, pero eso no nos tiene que hacer cambiar lo que queremos construir”Deportes 

Agustín Pichot: “Nos puede volver a ir mal, pero eso no nos tiene que hacer cambiar lo que queremos construir”

Afuera, el frío castiga a esta pacífica Christchurch y la llovizna es incesante, como casi siempre en la segunda mitad de esta semana. Adentro, bajo las luces cálidas del hotel que alberga a Jaguares, Agustín Pichot sale del ascensor y cruza unas breves palabras con los máximos dirigentes de la SANZAAR. Todo lo contrario a lo que sucederá a continuación, con una hora de charla en la que el ex medio scrum y capitán de Los Pumas no le escapará a ningún tema.

Ya no es parte de la Unión Argentina de Rugby, pero es la referencia obligada al pensar en el proceso que llevó a la profesionalización del rugby en el país y que derivó en una franquicia en la final del Super Rugby.

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“Lo entiendo y asumo el liderazgo que me ha tocado. Y desde no ser parte del día a día, algo que me costó mucho“, reconoce el vicepresidente de la World Rugby, que piensa en la importancia de “ceder a otros para que vayan contribuyendo sin necesidad de perder protagonismo”. Y asegura de sí mismo: “Yo soy uno en un montón. En la Argentina ponemos a uno, se lo infla y es peligroso para el sistema. Yo me fui de la UAR y el sistema sigue fuerte sin mí”.

Por supuesto, Pichot está satisfecho con lo hecho por Jaguares, pero lo último que dice querer es que se reconozca el proceso sólo por haber llegado a la final del Super Rugby.

Agustín Pichot (derecha), durante la presentación del Mundial 2023.

 “El éxito es un poco injusto, porque te hace olvidarte del día 1. Y no podés olvidarte que esto tiene que ver con un plan que empezó cuando ni siquiera había un método, en 2008 -asegura-. Siempre se amplió la base de a poco. Este año lo ves porque se ganó, pero en otros momentos también aparecían jugadores. Lo desafiante de un largo plazo es que no estás seguro de dónde vas a llegar. Podés tener determinación y constancia, pero no hay garantías de llegar. Nos puede volver a ir mal, pero eso no nos tiene que hacer cambiar lo que queremos construir a largo plazo“.

-¿Y cómo se lucha contra la idiosincrasia del resultado?

-El deporte es así. Pero puede ser peligroso cuando para hablar de éxito se exige cierto nivel de victoria. Es lo que le pasa al seleccionado de fútbol: si no es campeón del mundo, no sirve nada. Y está el tema de las famosas “derrotas dignas”. A mí me dolía en el alma eso. ¿Nos conformamos con perder? No, tenés que cambiar el chip y decir: “Hay que ganar”. Pero tampoco llevarlo al otro extremo. ¿Todas las derrotas entonces son indignas? ¿La única victoria digna es la final de un Mundial? 

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-Pero incluso en el rugby argentino, siempre se dijo que sin los resultados no se abrían puertas. Pasó en 2007, pasó en 2011 antes del Rugby Championship, pasó en 2015 antes de entrar al Super Rugby… ¿Qué hay de cierto en eso?

 -La única de esas que es cierta cien por ciento es la de 2007. Después, es una cuestión de percepción de cada uno. En 2007, me senté en la mesa con Richie McCaw y me di cuenta de que Argentina era un problema para el statu quo. “¿Cómo estos pibes salieron terceros?“, decían. Eso era un papelón para el sistema. “Nosotros llevamos años de inversión y ellos con nada son terceros“, argumentaban. Claro, no entendían que la mayoría de nosotros llevaba años en Europa. No tenían idea de que en Argentina no había nada. Ahí empieza la escalerita. En 2012 entramos como invitados y yo pedí el 25% (de los ingresos a repartir entre las uniones que conformaban el torneo). Se me rieron todos. Fueron cinco años. Hasta que conseguimos el 10%. Y una de las cosas buenas que tiene este sistema es no depender de la inestabilidad de la moneda de nuestro mercado, sino que nos apalancamos con el ingreso de la moneda dura de los otros tres. En los últimos cuatro años, la UAR facturó más de 100 millones de dólares. Y son el Championship y el Super Rugby los que te dan el 90% de los ingresos. 

Agustin Pichot valora el camino del rugby profesional.
Foto: Ariel Grinberg

La Liga de Naciones, torneo de selecciones con ascensos y descensos al estilo de la Liga de Naciones del fútbol europeo, era uno de los últimos caballitos de batalla de Pichot. “Me la bajaron”, dice contundente.

Y amplía: “Nosotros en SANZAAR estábamos dispuestos a ceder y que ingresaran dos naciones en dos años, muy poco tiempo. Pero el Seis Naciones no quiso liberar la plaza. Eso hubiera sido injusto. Y tiene más que ver con quién pierde el lugar en la mesa de los 10. Es más un tema de autopreservación que de crecimiento”, dice mientras hace el gesto de abrazo, como quien se aferra a un lugar. 

-¿No hay alternativas para mantener el Seis Naciones y la Liga por separado?

-Hay opciones. Se está discutiendo para capitalizar el dinero, pero que no haya ascensos y descensos.

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-Entonces no hay crecimiento global…

-Hoy estamos en esa discusión. Soy uno de los progresistas que quiere el crecimiento. El rugby tiene que crecer a nivel mundial y tengo resistencia en un montón de lugares que no quieren que eso crezca.

-En los últimos cuatro años, a la UAR entraron entre 21 y 25 millones de dólares. Si se hubiera cerrado el acuerdo por la Liga de Naciones, ¿a cuánto se habría ido la cifra?

-Un montón más. No sé si el doble, pero… 45 millones podría haber sido, sí.

Agustín Pichot es pieza clave en el rugby internacional.
Foto: Reuters

-¿Eso podía haber significado un segundo equipo en el Super Rugby?

-En lo económico, sí. Pero después había que ver si se sostenía en lo deportivo. Porque a vos Nueva Zelanda y Australia te van a pedir que juegues bien al rugby. Y si se te van los jugadores, se te debilita la franquicia. Y si pasa eso, te pasa lo que le pasó a Japón, que se le fueron todos los jugadores y así no iba a mejorar nunca. Esto es lo mismo que el fútbol: si alguien les paga un 30% más se van a ir. Tenés que tener confianza en el sistema y en que te siga dando jugadores y se queden. Si no, tenés que asumir un modelo de exportación y agradecer cuando te los presten.

Su planteo sobre el tema continúa. “Es muy complejo. Tiene mucho más que ver con la sustentabilidad de todo el sistema. Acá son cuatro países, costos muy altos… Una franquicia más no sólo genera un costo grande: multiplica el de todos los que la tienen que enfrentar. Y hay que ver si tenés los jugadores -explica Pichot-. Dos equipos en la élite serían casi 80 jugadores. Y eso debe ser sustentable económicamente. Todavía no es posible. Hacer equipos vale entre 6 y casi 30 millones de dólares. Una franquicia de las más baratas de Sudáfrica vale entre 3 y 6 millones“.

Agustín Pichot, junto a Diego Maradona, en el palco de Leicester, durante el Mundial 2015.
Foto: Lucía Merle

El camino del profesionalismo

A Jaguares ya le tocó -y le seguirá tocando- perder algunos jugadores entre los que se fueron y los que se irán a Europa. Lejos de preocuparse, Pichot intenta naturalizarlo. “En 1995, nos guste o no, el rugby se hizo profesional. Yo soy del rugby amateur, pero también soy parte de entender que las reglas cambiaron en aquel año. Entró el dinero. Yo un día jugaba gratis y a los dos días, con 21 años, jugué por un contrato increíble en Inglaterra. Para entrar en ese ritmo tiene que haber un sistema. Si no, no llegás. El mundo ya es profesional, en la recontra elite que son los Jaguares o en la MLR de Estados Unidos, donde te pagan de 800 a 10 mil dólares por mes”.

Y ahí surge la cuestión de otro de los proyectos que lo tiene en el barco: el de la Superliga de Clubes Sudamericana. Respecto a ella y al reparo que puede generar en las instituciones nacionales la aparición de nuevas ofertas económicas versus el amateurismo, el vicepresidente de la World Rugby explica: “El jugador tendrá la opción de irse, estará en el equipo de liga de Argentina, Brasil, Japón, Estados Unidos… La gran lucha es encapsular al rugby profesional. ¿Estás en el sistema? ¿Podés vivir del rugby? Sí. Y podés hacerlo en Stade Francais, como Nico Sánchez, o en Jaguares, o en Lince de Tucumán…”.

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Y refuerza: “Para mí, si hoy jugás en Argentina XV, sos profesional”. ¿Eso convierte al potencial equipo argentino de Superliga en un tercer plantel profesional para el rugby del país? Es uno de los miedos que acusan desde los clubes. “Yo creo que hay dos grandes líneas encapsuladas -desarrolla Pichot-: una primera con Pumas y Jaguares y otra con Argentina XV, Jaguares XV… Si te toca estar en el circuito de Seven y estás becado, para mí no sos profesional. Hay un gris con ellos, que están viendo de qué lado de la línea quedan. Pero si se trata de lo otro, si un jugador eligió 1, 2 o 20…”

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-Otra queja de los clubes es la de sostener estructuras profesionales para el deporte amateur. Si se cortan esas estructuras, ¿se vuelve lento el proceso de crecimiento de los jugadores que luego van a nutrir a los equipos principales?

-No. Eso es una falacia. Si al jugador el sistema lo agarra a los 17 años, lo más importante que le dio el club es lo no profesional, lo que tiene que ver con lo lúdico. Y ciertas herramientas tienen más que ver con el coaching de cada entrenador, no con si hay plata para que les laven la ropa; por ahí no va el crecimiento del sistema. El profesionalismo es una cuestión de cabeza. Si se tiene que incurrir en una estructura profesional, tenés que ver para qué. ¿Tenés los recursos? ¿No estás poniendo muy alta la vara de costos? ¿Podés gastar eso? Uno nutre al otro en capacitaciones y ese tipo de cosas, no poniendo plata para que les laven las camisetas o para que tengan analistas de videos.

-¿Las bases serán determinantes si en algún momento baja también la fiebre que despertó Jaguares, que no deja de ser algo reciente y con un componente emocional que hizo que muchos jugadores lo eligieran?

-Y… Si crece el rugby profesional en el mundo y hay más ligas y se hacen más rentables, la materia prima de algún lado sale. Tenés que producir para tener un campeonato bueno y económicamente rentable. Si no, tenés que decir esto no funciona más y no es sustentable y chau.

Christchurch, Nueva Zelanda. Enviado especial

​HS

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