Memorias del horror en un subsuelo del microcentro porteñoEspectáculos 

Memorias del horror en un subsuelo del microcentro porteño

Los directores Oriana Castro y Nicolás Martínez Zemborain, recordados por “Sin censura”, hacen memoria de un lugar como muchos otros de la ciudad de Buenos Aires, donde alguna vez tuvo lugar el espanto, en su documental “Segundo subsuelo”.

En 1987, cuando Fernando Spiner rodaba “Ciudad de pobres corazones”, con eje en el disco de Fito Páez, en los subsuelos de las Galerías Pacífico, uno de los técnicos, el portugués Arturo Santana, identificó el dibujo de las baldosas de ese lugar como el de donde estuvo detenido-desaparecido y torturado en 1976.

Más tarde, la majestuosa construcción neorrenacentista de finales del siglo XIX del arquitecto Roland Le Vacher para las tiendas Au Bon Marche, fue reciclada como centro comercial de varios niveles, rescatando algunos detalles arquitectónicos del original, más allá de sus fachadas, pero sin recuerdo alguno que registe lo ocurrido.

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Télam: ¿Cómo se vincularon con el tema?Nicolás Martínez Zemboirain: Conozco al Arturo Santana desde mi infancia, no sé en que momento de mi vida me habrán contado los detalles pero los tenía incorporados a pesar de que no les había prestado demasiada atención. Cuando empezamos con Oriana a involucrarnos y pensar en la idea de hacer una película apareció Pablo López Coda, el arquitecto investigador de arqueología urbana que aporta la identificación de las baldosas, que con su historia personal terminó de darle forma.

T: ¿Qué tan fácil o difícil es encontrar el lenguaje de un documental más allá del tema que aborda?OC: Es difícil, creo que la clave está en hacer lo que uno siente que tiene que hacer de la manera en que se cree más capaz de hacerlo. La estructura final la encontramos con nuestro montajista, Emiliano Serra, en la isla de edición. No digo que llegamos a ciegas, pero muchas veces en rodaje y en entrevistas las cosas terminan funcionando de manera diferente a la que uno pensó.

MZ: Nos guiamos por estructuras clásicas, no nos cargamos sobre la espalda demasiados preconceptos de si lo que estamos haciendo es más o menos clásico o novedoso. Creemos en los entrevistados, en sostener el tiempo necesite la mirada de quién habla. Nos ponemos en lugar del espectador y la duración de la película es fundamental, que sea amena cuando hay tanta información y a veces tan dura.

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