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El desconcierto que muestra el Gobierno nacional se vuelve cada vez más evidente. En materia económica, se cansó de cambiar las reglas de juego. En dos semanas inventó los “productos esenciales” -una remake defectuosa de los “precios cuidados”-, pateó las bandas de no intervención del Banco Central para frenar el dólar y subió los aranceles para las importaciones, a pesar de que en su decálogo dialoguista el presidente Mauricio Macri plantea la reducción de la carga impositiva (punto 6). En política también la Casa Rosada tropezó con sus propios hechos. Pensó primero en una convocatoria para meter ruido en el peronismo excluyendo a Cristina Fernández, luego incluyó a la ex presidenta pero dejó afuera a organizaciones sociales y gremiales y finalmente tuvo que plantear que la búsqueda de acuerdos y de respaldo está abierta a todos y todas. Porque tiene principios, pero si los números no cierran, tiene otros que pueden marchar en dirección contraria. Como Marx, Groucho.

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