La “caballería global” que se juega todo por MacriEconomía 

La “caballería global” que se juega todo por Macri

“Hay que apoyar el programa de

Macri

. La Argentina necesita un mercado abierto al mundo para que nuestros vecinos vean una Argentina mejor”, comienza un mail que envió hace algunos días Horst Paulmann, empresario chileno dueño de Cencosud (Jumbo), a su cúpula en el país. Paulmann, que vivió 20 años en la Argentina y es uno de los principales empresarios de Chile, compara la situación local con la que vivió su país hace 30 años. El plan de los “Chicago boys” que se implementó en el régimen de Augusto Pinochet, destaca allí, demoró casi diez años en comenzar a dar resultados.

Las palabras de Paulmann -que pocos días después, en su asamblea de accionistas, volvió a referirse a la Argentina- llaman la atención en un momento en el que las ventas de los supermercados no dejan de caer. Según el Indec, los súper llevan ocho meses consecutivos sin lograr un repunte en sus ventas. En febrero, último dato disponible, cayeron 12,1% en términos reales versus igual mes de 2018.

Pero así como el gobierno de Mauricio Macri tiene el mérito de haber construido una red de apoyo entre los principales líderes internacionales, como Donald Trump, también tiene una “caballería” de empresarios -la mayoría, internacionales- que viene a sostenerlo en su peor momento doméstico, pese a sus pésimos resultados económicos.

Enrique Cristofani, presidente del Banco Santander, forma parte de ese frente. Aunque al sector financiero se lo sindica como el gran beneficiado del modelo, la realidad es que el banquero no les está entregando grandes resultados a sus accionistas. En su reporte del primer trimestre del año, el Santander afirmó que su negocio en la Argentina fue el que peor anduvo de todo su portafolio: sus ganancias entre enero y marzo (ajustadas por la devaluación y la inflación) cayeron un 84% con respecto a igual período de 2018.

En el exterior, muchos líderes ven en Macri una opción segura para que la Argentina abandone definitivamente el populismo. Incluso aspiran a que proyecte un liderazgo regional, siendo que otros presidentes, como Jair Bolsonaro, Iván Duque y Andrés Manuel López Obrador, están debilitados o no terminan de mostrarse confiables ante los mercados.

En el corto plazo, las multinacionales -como sus pares nacionales- están teniendo que asumir un altísimo costo, producto de los malos manejos económicos y del peso de la herencia de años de malas gestiones. En los últimos días comenzaron a hacerse públicos en el exterior los balances de las compañías al primer trimestre del año. Todas destacan el pésimo momento local.

La automotriz Volkswagen advirtió que “la situación económica en la Argentina se ha deteriorado significativamente ante una inflación que persiste alta”, y que ha registrado una “dramática” caída en las ventas, de 41,2%. Coca-Cola, cuyo volumen de ventas en el país se desplomó dos dígitos, arrastró los buenos resultados que la empresa había tenido en el resto de América Latina. Incluso Mercado Libre, el unicornio preferido del Gobierno, informó a Wall Street que vendió más, pero que en dólares ganó 8% menos que en igual período de 2018.

Las multinacionales tienen más espaldas que los industriales locales para solventar su mirada de largo plazo. Lo que no quita que también estén transitando en estos días profundos procesos de ajuste. La cementera Loma Negra, de la brasileña Camargo, tiene previsto anunciar despidos masivos en su planta de Barker, provincia de Buenos Aires. Una más de un largo listado.

Lo mismo hará en estos días la nacional Avex (ex-Dánica). La empresa, que acaba de ser adquirida por el grupo cordobés Beltrán, anunció 40 desvinculaciones en su planta de Villa Mercedes y otras 40 en la de Llavallol, y presentará esta semana un proceso preventivo de crisis. Arcor, por su parte, anunció el cierre de su planta de alcohol de San Pedro por baja demanda y exceso de stock, y ayer confirmó que cierra una planta de conservas en Mendoza y muda la operación a San Luis.

Entre los nacionales, la sensación es que el Gobierno no termina de comprenderlos. “Escuchan y escuchan, pero no dialogan”, describe el número uno de una cámara. El ministro de Producción, Dante Sica, les hizo saber que tendría previsto reeditar acuerdos de productividad sectoriales, como los que hizo en el pasado con Vaca Muerta o la industria automotriz. Pero esta vez la propuesta no genera demasiado entusiasmo.

Conflicto en puerta

En la

AFIP

, entretanto, se abrió en los últimos días un nuevo frente de conflicto con compañías nacionales. Tras la estatización de las AFJP, algunas sociedades con acciones que pasaron a formar parte del activo de la Anses, como Banco Macro, interpretaron que podían considerarse compañías de participación estatal y, como tales, en función del decreto 814, les cabía pagar una tasa del 17% por contribuciones patronales, en lugar del 21%, como cualquier empresa privada.

Ahora, el organismo que conduce Leandro Cuccioli está exigiéndole a Macro -que a diciembre pasado, último dato disponible, tenía 8164 empleados- un ajuste que podría costarle algunos cientos de millones de pesos. Le reclama la diferencia de aportes de 2009 hasta 2018, año en que se modificó la norma. La cuenta final incluiría intereses y una multa por mora que superaría el 30%.

El del Macro sería un caso testigo entre las empresas que apelaron al mismo criterio. Su reclamo no solo motivó que los abogados de Hacienda tuvieran que expedirse al respecto -lo hicieron en línea con la AFIP-, sino que además le solicitaron opinión a la Procuración del Tesoro. El propio presidente del Macro, Ezequiel Carballo, pidió hace dos semanas una audiencia al procurador, Bernardo Saravia Frías, para plantearle el caso. No habría surtido efecto: la Procuración le daría la razón a la AFIP.

FMI, otra vez de visita

Como viene sucediendo desde hace un año, la agenda oficial volverá a estar dominada por el

FMI

: una nueva misión llega hoy, y se quedará hasta el martes próximo. Hay gran malestar entre los burócratas del Fondo con la Argentina. Después de todo, por presión política (de Trump) se vieron forzados a convalidar el uso de reservas para frenar la corrida cambiaria, a lo que venían negándose desde el año pasado. No está previsto que se reúnan, como en el viaje anterior, con representantes de la oposición. Dos figuras claves, como Pichetto y Lavagna, estarán a comienzos de semana en Vaca Muerta.

Está descartado también que los burócratas del FMI vayan a avalar que el Gobierno use dinero del organismo para recomprar bonos y así contener el pánico de los inversores a un default. “Algunos prefieren seguir especulando con el tema creyendo que es lo más lógico. Se pierden que, más allá de la lógica, hay que financiarlo”, admite una fuente de Hacienda. “Nunca el FMI le dio plata a alguien para recomprar bonos a privados. Como mucho, si alguien más pusiese, te podría permitir hacerlo”, aclaró.

Por ahora, no pareciera haber demasiados bancos altruistas, aunque Hacienda no deja de sondearlos. Trump podrá haber roto las regulaciones del FMI para asistir a Macri en su carrera electoral, pero la caballería de privados que respalda al Gobierno también tiene accionistas a quienes responder.

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