El niño que quiebra la voz del médicoSociedad 

El niño que quiebra la voz del médico

Especial por Sergio Sarachu.- El pediatra Ezio Tracanna es un niño indefenso cuando habla por la radio desde Puerto Príncipe, en Haití. Trata de relatar lo que es la misión de los cuatro profesionales de Esquel que está atendiendo a miles de niños desnutridos y con enfermedades básicas, que aquí ya no existen. Busca que por su garganta, a más de seis mil kilómetros, salgan las palabras claras, científicas, pero se quiebra cuando empieza a describir la pobreza extrema en la que vive el 70 por ciento de la población haitiana.

Forma parte de una misión organizada por la Ong. APNI (Asociación Por Nuestra Infancia) que en pocos días retornará a la habitualidad de la salud pública de la provincia del Chubut. “Cuando me dicen ´¡qué buena experiencia!´ yo pienso que no es una experiencia más y no sólo es un antes y un después como médico y persona. Me ha cambiado la vida y se ha transformado en un proyecto de ahora y para siempre”, se lo escucha decir por AM 550 La Primera.

Antes de que se corte la luz, como todos los días entre las 18 y la mañana siguiente, se abre paso entre los restos más crueles que dejó el devastador terremoto de 2010. Pensá, le dice al periodista buscando su complicidad, que “en este país no hay servicio de cloacas”, que el agua potable es escasa y que la muerte de unas cien mil personas en ese terremoto, dejó a miles de niños internados en orfanatos.

Allí están junto a Tracanna, las médicas Cinthia Urtasun, Andrea Saglimbleni y Anelén Benítez. Se las ve en las fotos, sonrientes, plenas en su pasión por la atención de miles de niños que encuentran en los orfanatos y en el pequeño poblado de Castaches, en plena selva haitiana. Pero el que habla por radio es él, conmovido a medida que escucha lo que está haciendo.

La foto de Haití

Haití fue pionera en independizarse, en 1804, luego de una revolución de los esclavos contra la colonia francesa. Su derrotero institucional tiene una marca indeleble: la dictadura de François Papa Doc Duvalier y su hijo Jean-Claude Baby Doc, que gobernaron entre 1957 y 1986. Tiene un PBI  per cápita de 893 dólares y ocupa el último lugar en América Latina y el Caribe. Además, posee el Índice de Desarrollo Humano más bajo de la región (0,498) y está 168 sobre 189 países en el mundo. Según el Banco Mundial, el 59% de la población es pobre.

Desde noviembre de 2016, Haití es gobernada por Jovenel Moïse, un conocido empresario bananero, que llegó con el 55 por ciento de los votos en unas elecciones siempre cuestionadas por propios y extraños.

En las últimas semanas, a la extrema pobreza y conmovedora situación de salud de los niños, se le debe agregar a la información sobre Haití que las revueltas y enfrentamientos entre sectores populares y el gobierno, amenazan con otra ola de heridos y muertos en las calles de Puerto Príncipe.

La foto de los médicos

Antes de viajar, los cuatro profesionales debieron cubrir sus cuerpos de vacunas para defenderse de las enfermedades que pululan en Haití, como las fiebres tifoidea y amarilla, más el cólera y la malaria. Cuando regresen, deberán continuar con la aplicación de algunas de ellas, para terminar de organizar las defensas de sus cuerpos.

Pero, además de esta cobertura médica, el equipo debió armarse de coraje para avanzar humanamente sobre una realidad que agrieta el corazón. “Desde que viajamos del avión en Puerto Príncipe fue muy duro, muy chocante, como si el terremoto y el tsunami del 2010 hubieran sido ayer y los chicos son los que más la sufren”, indicó.

Las imágenes más conmovedoras para los médicos son las de niños y niñas que aún no ingresaron al precario sistema de salud en los orfanatos. “Los que recién están entrando en los orfanatos sufren de desnutrición y las enfermedades que te puedas imaginar, especialmente de la piel,  por la extrema pobreza en que viven, sin condiciones de higiene o de salud en general”.

El panorama con que se encontraron, tan opuesto al patagónico, se puede dimensionar con sólo una o dos imágenes: “Haití no cuenta con sistema de cloacas, ni procesamiento de residuos, con poca agua potable”. Y se le suma que “hay luz pocas horas al día, a partir de las 18 no hay luz ni en la vía pública ni en ningún otro lugar, hasta el otro día a la mañana”.

La voz del médico que sale por la radio intenta que nos hagamos una idea, desde la realidad patagónica, de lo que es la situación cotidiana de ese país.

En medio del relato, las mil atenciones que han realizado a los niños afloran punzantes tras cada palabra, tras cada oración que fotografía pequeños cuerpitos atacados por las patologías ya desterradas por sistemas de salud en todo el mundo.

Sin embargo, lejos de bajar los brazos o aturdirse ante la inmensidad cruel de la pobreza, Tracanna y sus compañeras, se comprometen a que esta atención sea un proyecto de vida constante.

Y volverá. Está armado: tiene una pasión y 29 años.

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