¿De qué servirá Vaca Muerta si la educación sigue en picada?Sociedad 

¿De qué servirá Vaca Muerta si la educación sigue en picada?

Dicen las estadísticas que cuando se pregunta a los argentinos cómo ven la educación, aproximadamente 70 por ciento responde que regular o mal; pero que los mismos argentinos cuando son preguntados (incluso en la misma encuesta) cómo ven la educación que reciben sus hijos, aseguran que está bien o muy bien.

De estas cosas habló este jueves, con este periodista (Afilados, AM 550) el ex rector de la Universidad de Buenos Aires y distinguido educador argentino Guillermo Jaim Etcheverry (*). La educación es el tema más importante para esta Argentina presente, dijo, aunque no está, ciertamente, en la agenda real de los políticos, y tampoco en la agenda (presuntamente) real de los ciudadanos, desplazada siempre por otros males y preocupaciones. Ahora, la inflación, y la inseguridad, por nombrar solo dos.

La cuestión es simple. Pasa por preguntarse de qué servirán los miles de millones de dólares que guarda Vaca Muerta, en medio de un pueblo pauperizado culturalmente, sin opciones inmediatas de mejora.

Jaim Etcheverry asegura que se ha agrandado la diferencia, la brecha, entre ricos y pobres, también en la educación. Que, con seguridad, es negativo y hasta determinante que los maestros cobren sueldos de pobreza, pero que al mismo tiempo es imposible mejorar los salarios si se mantiene un esquema en donde se paga al mismo tiempo al maestro, y al suplente del maestro, y al suplente del suplente del maestro. Que el problema de la educación no es tanto el presupuesto que se le otorga (en Neuquén es récord la inversión por alumno) sino cómo se distribuye ese presupuesto, que –coincide- no se percibe después en los resultados. Esto hay que cambiarlo, por supuesto, en el sistema mismo, dice Jaim Etcheverry.

También sostiene el especialista que escribió aquel libro impactante (“La Tragedia Educativa”) hace 20 años, que la situación  no ha mejorado, sino empeorado; que muchos maestros llegan al cargo tras buscar una salida laboral relativamente sencilla y segura, antes que una profesión de vocación manifiesta; que una parte del problema pasa por la mala educación de los maestros, que después transfieren en proporciones iguales a los alumnos; pero que lo peor de todo es el desinterés de la sociedad argentina hacia la educación: se habla mucho, pero de la boca para afuera. Y nadie le pone el cascabel al gato.

Del total de alumnos que ingresa a la escuela primaria, solo el 50 por ciento llega al fin de la secundaria en este país de la Vaca Muerta. Una vez, en una escuela, a alguien se le ocurrió tomar un examen de nivel de quinto año del nivel medio a los docentes: no lo aprobó ninguno. Los argentinos tenemos ya serios problemas en entender textos. Vacilamos con la geometría. Y en matemáticas somos todos mayormente ignorantes.

¿De qué servirá Vaca Muerta en este contexto?

Pregunto, pregunto, y solo recibo evasivas, o mentiras directas.

Rubén Boggi

(*) Médico, científico y académico argentino que fue rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) entre 2002 y 2006. Dedicado de manera exclusiva a la docencia y a la investigación en el campo de la neurobiología, desarrolló su carrera como investigador del CONICET y profesor de la Facultad de Medicina de la UBA.

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