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No sólo los conoce Dios

Especial, por Sergio Sarachu.- Una por una, las placas que dicen “Soldado sólo conocido por Dios” en las tumbas de Puerto Darwin, van teniendo nombre y apellido. Grabar para siempre la identidad de esos argentinos -en suelo argentino- ha llevado 37 años. Ya no hay dudas: a la muerte sólo la vence la tozudez de la verdad.

La labor humanitaria donde confluyen los gobiernos británico y argentino, la Cruz Roja Internacional, el Equipo de Antropología Forense (EAAF) y los familiares, viraliza esa terquedad.

Ya son 112 los héroes argentinos identificados. Restan 10. Una tarea que impacta y actualiza el valor de aquellos jóvenes combatientes.

Luego de casi 37 años de incertidumbre, también es una carrera contra la muerte, porque muchos familiares ya no están. Madres, padres, hermanos, partieron sin saber dónde estaban esos restos.

Quizá lo único que no se lleva la muerte sea precisamente la voluntad de esos familiares por saber dónde están, como ocurrió tristemente con tantos casos en nuestra Argentina.

Este marzo que transcurrimos tiene ahora los nombres del cordobés Eduardo Antonio Vallejos y del correntino Carlos Alberto Frías, en dos cruces sobre la tundra malvinense.

Nada sería posible sin el apoyo de los familiares, “nosotros decimos que nos debemos a ellos” señaló Carlos Rojas Surraco, miembro del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en diálogo por AM 550 La Primera.

Recién llegado de Puerto Darwin, recorrió el trabajo que realizó ese grupo de profesionales con renombre internacional y confesó que “tanto en el tema de los desaparecidos como en Malvinas sirve para sanar un poco las heridas” de los seres cercanos.

Sin saber quién estaba enterrado en cada tumba, se les indicó a los familiares que adoptaran una cruz y pensaran que su ser querido estaba allí, ahora, “con los resultados que estamos teniendo en cuanto a la identificación, es un poco una sanación de esa herida”.

El científico, que realizó su primer viaje a Malvinas, también deja su lado humano en la entrevista: “en el trayecto que va desde la base militar donde bajamos del avión adonde está el cementerio de Darwin, me inundó la emoción de saber que iba a llegar a un lugar tan importante para todos y el estar con los familiares, acompañarlos, abrazarlos, tratar de contenerlos, fue una emoción muy grande que no se puede explicar con palabras”.

El EAAF comenzó su trabajo mucho antes de que se conformara ese envión humanitario, contactando a los familiares y tomando muestras de sangre. Luego se aplicaron los rigores científicos a los cuerpos enterrados en Darwin. Uno por uno, fueron exhumados, para obtener de esos restos los elementos que tuvieran significación en el cotejo con las muestras.

Tanto familiares como antropólogos han destacado el cuidado que tuvo el coronel Geoffrey Cardozo, encargado de construir el cementerio de soldados argentinos, luego de la guerra. Rojas Surraco señaló el “buen estado” en que se encontraron los restos por haber sido cuidadosamente envueltos en dos capas, para asegurar la conservación ante las inclemencias del tiempo y las características del suelo isleño.

Lo que viene

En su diálogo radial, el mientro del EAAF se mostró optimista en cuanto a la identificación de los diez restos que aún no tienen su nombre y apellido. “Yo creo que es probable. Al principio iniciamos nuestro trabajo con los familiares sin saber si podríamos viajar a las islas. Con el tiempo hemos tenido muy buenos resultados y ahora nos falta ubicar a estas diez familias. Sabemos que han pasado muchos años, que pueden haber cambios de domicilio o de teléfono y eso dificulta un poco la ubicación de los familiares, pero creo que va a ser posible”.

A este optimismo en el trabajo científico se le deberá agregar la continuidad en el apoyo estatal, ya que el Equipo es una entidad no gubernamental, sin fines de lucro, y toda su labor requiere del aporte de presupuestos que en los últimos años han llegado en forma renuente.

Del Che a Malvinas

Sergio Miguel llegó a la zona para hacer la producción de la película que relata el viaje por aquí de Ernesto “Che” Guevara en motocicleta. Se enamoró, primero de Neuquén, luego de Centenario y finalmente de Plottier. Desde ese lugar recargó combustible para buscar a su hermano, el teniente de corbeta Daniel Miguel, caído con su avión en la batalla de Ganso Verde.

Ante la convocatoria del EAAF viajó a Buenos Aires para la extracción de sangre y se sumó al primer viaje a las Islas Malvinas. Previamente se había contactado con el sargento inglés que disparó el misil contra el avión de su hermano.

¿Cómo fue eso? “Él me manda un mensaje, a través de Facebook, sobre que quería comunicarse conmigo. Yo ví que en su foto de perfil en el living de su casa, había una foto de mi hermano. Tardé tres meses en responderle. Todos los días lo iba madurando. Iba a contestarle y lo pensaba otra vez. Hasta que hablé con mi padre y asumimos que era una guerra y que hay códigos que hay que respetar. A partir de esa comunicación pudimos tener una idea más cercana de lo que pasó, porque él vio cómo fue todo”.

El relato, poblado de emoción y orgullo, indica que Daniel luego de varias misiones salió en apoyo a las tropas que combatían frente a Darwin y cuando observa el misil disparado por el inglés hace una maniobra de evasión “pone el ala casi a ras del piso, pero es alcanzado” y cae de panza sobre el suelo malvinense. “El piloto inglés observa si mi hermano se eyecta, no lo hace” y muere allí.

Después de muchos años, ésta fue la primera información fehaciente que tuvieron sobre los hechos. La primera fue el 28 de mayo de 1982 “a las cinco o seis de la tarde que vino una delegación de la Armada a mi casa a hablar con mis padres” y darnos la versión de la desaparición de Daniel. “A partir de ahí, cambió nuestra vida para siempre”, acotó.

La situación de “desaparecido” no da respuestas definitivas “porque siempre tenés la esperanza de que aparezca, se van achicando las posibilidades, pero aunque sea por un uno por ciento, siempre tenés esa esperanza”.

Tras 35 años, la familia Miguel encontró un camino que los llevó al lugar donde está Daniel, en el marco de esa confluencia humanitaria.

Pero antes, Sergio ya había estado en el cementerio de Darwin (sin saber que su hermano estaba enterrado allí) y con su información de la caída del avión en Ganso Verde “me dediqué a mirar hacia allí, porque el cementerio está separado por un pequeño estrecho de agua” de donde cayó el avión argentino. “Y me concentré en mirar hacia allí, no en el cementerio porque para nosotros, en ese momento, no había chances de que estuviera enterrado en ese lugar”.

Todo cambió cuando fue citado a Buenos Aires por el EAAF y -horas antes de partir nuevamente a Malvinas- se le confirmó que Daniel yacía en una de las tumbas analizadas.

“En 10 segundos sentís todas las sensaciones que puede soportar un ser humano, fue increíble, porque además me dieron elementos personales de él, una crucecita que le había regalado, su anillo de compromiso, era él”, recuerda Sergio.

Después, el diálogo por AM 550 se llena de emoción, a la que hay que sortear para agradecer a los organismos que intervinieron en esa misión humanitaria y a las organizaciones regionales de familiares y de ex combatientes de Malvinas.

Si a la muerte la vence la tozudez de la verdad, la historia tendrá revancha. Y tendrá un horizonte para este neuquino que tiene -junto a nosotros- un héroe enterrado en esas islas argentinas.

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