Se cumplen 55 años sin “el violín romántico del tango” de Alfredo GobbiEspectáculos 

Se cumplen 55 años sin “el violín romántico del tango” de Alfredo Gobbi

Mañana se cumplirán 55 años de la muerte de Alfredo Gobbi, reconocido como “el violín romántico del tango”, cuyas ideas musicales y estilísticas lo llevaron a convertirse en uno de los compositores más importantes del tango instrumental.

Gobbi fue un artista admirado por sus pares, entre ellos Ástor Piazzolla, Eduardo Rovira y Aníbal Troilo, quienes le dedicaron una composición.

Dueño de una enorme versatilidad, a lo largo de su vida se destacó en sus facetas como compositor, violinista, arreglador, pianista y director de orquesta. Marcó un camino en la evolución del tango y su música fue fuente de inspiración para muchos. Sus obras hasta el día de hoy se siguen descubriendo.

“No hay reconocimientos más valiosos que el de los colegas; en una entrevista fue el mismo Piazzolla quien lo definió como ‘el padre de todos nosotros’”, dijo a Télam el contrabajista e investigador Ignacio Varchauvsky, quien descubrió a Gobbi a fines de los 90 a poco tiempo de armar la orquesta El Arranque.

“Yo estaba metido con el tango y escuchaba todo. Fue el ‘Tata’ Cedrón quien me acercó a Gobbi y desde ese momento nunca dejé de escucharlo”, evocó el músico que en 2018 produjo y dirigió “Inéditos de Alfredo Gobbi”, un trabajo en donde la Orquesta Escuela Emilio Balcarce recreó grabaciones nunca publicadas del gran violinista.

Varchauvsky describió al estilo de Gobbi como profundo, muchas veces atravesado por una bella oscuridad. “Su orquesta llama a la reflexión y tiene que ver con que todas las decisiones musicales y estilísticas están al servicio de la expresión, donde nada está tocado superficialmente, porque todo el tiempo busca la mayor la expresividad posible”, describió.

Alfredo Julio Floro Gobbi –su nombre completo- nació en París en 1912. Según cuenta la historia, sus padres, Alfredo Gobbi y Flora Rodríguez -conocidos como Los Gobbi, uno de los duetos más destacados del inicio del tango-, lo inscribieron en el Consulado del Uruguay, mientras estaban en trabajando en Europa.

Su padrino fue nada menos que el gran compositor Ángel Villoldo (autor del “Choclo”), pionero en el género y un aliado artístico del matrimonio.

Los Gobbi volvieron a Buenos Aires cuando Alfredo tenía menos de un año. Pasó su infancia y adolescencia en el barrio porteño de Villa Ortúzar, donde inició sus estudios musicales. A los seis años estudió piano y a los 10 comenzó su formación como violinista mientras trabajaba como canillita. Era admirador de Julio de Caro.

Su debut profesional fue a los 13 años como integrante de tríos en los bailes. En 1926 compuso su primer tango “Perro fiel” y en 1927 actuó en la orquesta del Teatro Nuevo, dirigida por Antonio Lozzi. Luego se incorporó a la formación del bandoneonista Juan “Pacho” Maglio y también, entre otras, a las de Anselmo Aieta y Mario Pardo.

En los 30 se encontró con el pianista Orlando Goñi, su gran amigo a quien le dedicó una de sus piezas, y con Aníbal Troilo, quienes lo acompañaron en su formación estilística.

Gobbi actuó en el sexteto Vardaro-Pugliese y, tras disolverse, fundó otro con el mismo Pugliese; luego se sumó a la agrupación de Pedro Laurenz hasta que en 1942 fundó su primera orquesta típica, con la que actuó en el Sans Souci de la calle Corrientes.

Desde ese momento comenzó a desarrollar su identidad musical expresiva y sentimental, que le valió el apodo de “el violín romántico del tango”.

Vivió la bohemia de Buenos Aires, en especial con “Pichuco”, ambos referentes en sus instrumentos.

Gobbi falleció el 21 de mayo de 1965. Dejó 82 grabaciones y maravillosas obras como “Orlando Goñi”, “El andariego”, “Cuando llora mi violín”, “Camandulaje” y “El último bohemio”, entre muchas otras.

“No hay nada mejor que las palabras de Horacio Salgán. El siempre decía: “Escucho su orquesta y descubro algo nuevo”. Tiene como una magia, siempre me sorprende, eso tiene que ver con la infinidad de sutilezas en la interpretación y en la composición.

Una cosa es hablar de qué está hecho y otra cosa es cómo se toca eso que está escrito. Su estilo radica en la complejidad de sus composiciones y arreglos y de igual manera en la interpretación de lo que está escrito”, concluyó Varchauvsky.

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