Agustín Canapino: “No tenía chances ni de correr en bicicleta en Arrecifes y gané cuatro títulos en el TC”Deportes 

Agustín Canapino: “No tenía chances ni de correr en bicicleta en Arrecifes y gané cuatro títulos en el TC”

“Te pido un favor. ¿Me conseguís un buen café?” Con ojos achinados y un semblante de quien ha dormido muy poco, la pregunta de Agustín Canapino suena a ruego al llegar a la redacción de Clarín. Pasó el fin de semana en Neuquén a pura tensión y adrenalina. Pasó su cuarta consagración en el Turismo Carretera. Pasó su regreso triunfal a Arrecifes, con la gente en las calles. Pasó el festejo en la parrilla Fernández, sobre la ruta 51. “La sede de las mejores achuras del mundo”, la define el Titán. Pasaron el madrugón, el viaje a Buenos Aires, la visita a una radio y a un canal de televisión. Seguirá el raid del octavo tricampeón consecutivo de la categoría más popular del automovilismo argentino. ¿Quejarse? Jamás. “Dormí poco y nada, pero sarna con gusto no pica. Estoy feliz”, dice mientras saborea la cafeína que necesitaba para seguir.

-¿Se puede lograr lo que lograste sin pasión?

-Sin la pasión no se puede llegar a ningún lado. Cuando uno sueña en grande, siempre hacen falta mucho sacrificio, mucha disciplina y mucha pasión. Sin estas tres cosas nada se puede lograr en la vida.

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Canapino es metódico como pocos. Lo reconoce. Convive con esa cualidad que lo hizo llegar donde llegó, aunque desde afuera suene extraño escuchar sus palabras. “Todo el tiempo estoy permanentemente analizando lo que puede pasar. Me acuesto y me baño pensando en qué hice, cómo lo hice, qué voy a hacer si cambia la dirección del viento o si sube la temperatura y qué maniobra haré o puede hacer el que larga adelante -monologa-. Estoy permanentemente procesando todo porque me apasiona y así me tomo las cosas. No tengo una rutina previa antes de subirme al auto. Sólo analizo y pienso lo que viene y cómo lo voy a hacer”.

Ahora puede relajarse y disfrutar, por más que le queden carreras en el Top Race y en el Súper TC2000. Sólo siete pilotos ganaron cuatro campeonatos de TC: Juan Gálvez (9), Guillermo Ortelli ​(7), Juan María Traverso (6), Oscar Gálvez (5), Dante Emiliozzi (4), Héctor Gradassi (4) y… Canapino. Sólo ocho lograron tres al hilo: Juan Gálvez, Emiliozzi, Gradassi, Roberto Mouras, Oscar Castellano, Traverso, Ortelli y… Canapino. Sólo dos fueron tetracampeones consecutivos: Juan Gálvez y Emiliozzi. ¿Lo será Canapino en 2020?

-¿Qué te genera estar codeándote con los grandes de la categoría?

-Cuando veo los nombres que hay en esas estadísticas, ni lo pienso: ellos son eminencias en el automovilismo. Me saco el sombrero ante esos nombres. Los veo muy arriba y muy lejanos. No me considero estar a la par de ninguno. Yo apenas soy un apasionado y un fanático del automovilismo y del TC.

-Pero todos te quieren ganar a vos…

-Indudablemente, cada vez que uno gana un título, es el rival a vencer. Me pasa en otras categorías y me ha pasado en el TC. Yo también cuando gana otro piloto, le quiero ganar a ese. Siempre al que tiene el “1” le querés ganar un poquito más.

Se entiende entonces por qué al Chevrolet de Canapino lo quieren bajar todos como sea. Si a la autoexigencia personal que llega a la obsesión se le suma que diez colegas, en mayor y en menor medida, peleaban el título con el arrecifeño, la presión que sintió el fin de semana no es para menospreciar. Por eso el festejo en Neuquén y el alivio para volver otra vez a la calma.

Agustín Canapino hace un “4” con los brazos extendidos, feliz por sus cuatro títulos en el Turismo Carretera.
Foto: Mario Quinteros

-¿Aprendiste a convivir con la presión o tenés que domarla todos los días para no salirte del foco?

-A la presión trato de no evitarla sino de asumirla y manejarla, porque es imposible no tener presión. Y la realidad es que siempre me va mejor con la presión encima, como en la clasificación del sábado y en la largada de la final, cuando parecía que se nos iba la copa. Tuve la mente fría porque a la carrera le faltaba. Quizás sea por mi historia de vida, por lo que me tocó vivir o no sé por qué. Pero la realidad es que cuando las papas queman y tengo menos margen de error, es cuando más concentrado estoy. Me potencio más con la presión en los momentos difíciles. He trabajado más en la concentración cuando tengo todo bien controlado, que cuando las papas queman. Cometo más errores cuando me relajo y estoy demasiado tranquilo.

-O sea que el manejo de la presión es una virtud…

-Es una característica mía, que tiene virtudes y defectos. Trabajo para que los defectos no sean tan defectos y para potenciar las virtudes. Cada deportista tiene sus pros y sus contras. Todos tenemos estilos, personalidades y manejos diferentes. Y en mi caso trato año a año de mejorar mis defectos y aprender de mis errores.

-¿Cuándo entiende un piloto que para ser campeón hay que ser paciente y no desesperarse si salen malas carreras, porque el año es largo?

-Eso lo tengo incorporado, porque sé que el automovilismo es así. Es absolutamente relativo y cambia todo el tiempo. En el TC, que es una de las más categorías más competitivas del mundo, hoy podés ganar y mañana quedar 20°. Hay que entenderlo. Por eso siempre trato de no festejar mucho los triunfos ni amargarme mucho cuando pierdo. Trato de tener una línea lo más estabilizada posible, porque sé que hoy te toca ganar y mañana te va a tocar perder.

-Hoy te toca ganar tu cuarto título en el Turismo Carretera. ¿Te das cuenta del lugar al que has llegado a tu edad?

-No, creo que no. Aparte soy muy sencillo, muy normal. Y por momentos hasta me da vergüenza esta situación. Siempre digo: “No me felicites, criticame. Porque si me felicitás, no aprendo nada y si me criticás, sí”. Me gusta disfrutar, pero cuando veo la gente que se tatúa mi nombre o que viene llorando hacia mí y cuando veo la pasión que se genera, todo me supera. Porque es mucho más de lo que me hubiese imaginado.

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Alberto Canapino no quería que su hijo fuera piloto. Lo quería formar como preparador, como él. Pero los planes del nene eran otros. “Tenía cierta lógica su análisis, porque él sabe mejor que nadie lo difícil que es el automovilismo y ha visto pasar a miles de pilotos que querían ser profesionales e invirtieron mucho dinero, tiempo y frustración. Y no llegaron -analiza Agustín-. Son pocos los pilotos que pueden vivir del automovilismo en la Argentina y muchos miles los que lo quieren hacer. ¿Por qué iba a lograrlo yo, que nunca me había subido a un karting ni había entrenado para ser piloto? Un día, de tanto insistir, insistir e insistir, me dio la oportunidad. Y acá estoy. Yo no tenía chances ni de correr en mi bicicleta en la plaza de Arrecifes y gané cuatro títulos en el TC”.

Agustín Canapino marca los cuatro campeonatos que ganó en el Turismo Carretera en 2010, 2017, 2018 y 2019.
Foto: Mario Quinteros

Acá está Canapino, separando cuatro dedos de su mano izquierda ante la cámara. Uno por cada título en el TC, a los que define en síntesis: “En 2010, logré a los 20 años el sueño de una vida entera: mi primera victoria en la categoría. El de 2017 fue especial, porque tuve que ir para adelante viniendo de atrás y lo gané en la última vuelta por 0,25 puntos, con una maniobra entrando en la recta. En 2018, llegué debilitado al final y cuando parecía que me quedaba sin chances, la lluvia me dio una segunda oportunidad con una gran estrategia. Fue increíble. Y este año la particularidad fue que es el tercero consecutivo, que tuve contundencia y que fue la única vez que llegué como banca y no como punto”.

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-Sos tetracampeón del TC con 29 años. Cuando regresás al pasado, ¿cómo ves a aquel Agustín que festejó en 2010?

-Lo veo lejano, porque la madurez, la experiencia y el conocimiento adquirido marcan diferencias. En esa época me animaba a hacer cosas que ahora las pienso mucho más.

-¿Cuáles?

-A veces, cuando en la pista veía una oportunidad de hacer una maniobra, me mandaba sin evaluar demasiado la situación. Cosas lógicas de chicos, ¿no? Y me traía muchos logros. La estadística me lo marca: de chico ganaba más carreras, pero hacía menos podios y tenía menos chances de campeonato que ahora. Era mucho más a todo o nada. Con el tiempo entendí que no es todo o nada. Que hay que arriesgar cuando hay que arriesgar y administrar cuando hay que administrar. Y no siempre ganar, porque los campeonatos se ganan a lo largo de un año. Lo aprendí con el tiempo y seguramente cuando tenga 40 años y mire al Agustín de 30, veré muchas cosas que hoy no veo.

Para eso le falta a Agustín Canapino. Hoy es tiempo de disfrutar.

Agustín Canapino, en la era de la madurez: “Con el tiempo entendí que no es todo o nada”.
Foto: Mario Quinteros

“El TC despierta una mística y una pasión que no vi en ningún lado”

Agustín Canapino tiene más de una década de carrera en el automovilismo nacional y once años como piloto del Turismo Carretera. Desde sus primeros años detrás del volante, recorrió el país y sus autódromos y visitó diferentes ciudades, en las que experimentó en primera persona lo que genera el TC en la gente. Y sin embargo se sigue sorprendiendo de la conexión que tiene el público fierrero argentino con esta categoría.

“Es tremendo e increíble lo que genera el TC, sobre todo en el Interior. Yo no he viajado mucho, pero en lo que poco que viajé me di cuenta de que esta categoría despierta una mística y una pasión que no vi en ningún otro lado. Y creo que eso es algo muy argentino. No soy futbolero, pero me parece que pasa lo mismo con el fútbol. El público argentino es muy pasional en todo sentido”, analiza el arrecifeño.

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Tiene mucho en común con los fanáticos. Con los que le piden una selfie cuando se lo cruzan en la calle o los que lo siguen en las redes sociales. Pero también con los hinchas clásicos, quienes desde hace décadas siguen la categoría.

“Me emocionan mucho, porque yo soy así, como ellos. Soy un hincha, un apasionado, un fanático del automovilismo y de los fierros. No me dejan de sorprender las actitudes que tienen, pero al mismo tiempo las comparto, porque yo también lo vivo de esa manera. Yo también cuando era chico miraba a los pilotos como si fueran dioses”, admite.

Ese amor de fanático que siente por el automovilismo le permite disfrutar mucho más de su día a día. Aunque también hace que necesite estar al tanto de todo lo que pasa en cada fecha.

Agustín Canapino y una bandera que lo dice todo.

Es mi problema: soy demasiado obsesivo. En el TC, todo lo que es puesta a punto y preparación del auto lo decido yo directamente. Cuando tengo dudas, me asesoro con mi viejo, pero él me delegó esa responsabilidad porque vio todo lo que he aprendido en estos años. Confía en mí plenamente. Y todo lo que es desarrollo, puesta a punto, ingeniería y edición de datos me apasiona tanto como manejar”, explica.

-¿Te das cuenta de que sos un privilegiado por poder vivir de lo que te gusta?

-Absolutamente. Soy un agradecido de la vida. Yo no tenía ninguna posibilidad de ser piloto. Pero cuando tuve la oportunidad, empecé. Y sé que poder ser hoy profesional del automovilismo y que mi trabajo sea mi pasión, es algo que no todos lo pueden tener. Por un lado, lo valoro mucho. Y también trabajo todos los días para cuidarlo y para cada día ser mejor.

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Canapino vive para y del automovilismo. Aunque su caso no es el de la mayoría de los pilotos. Son cada vez menos los que cobran por correr. Y el arrecifeño no duda a la hora de encontrarle una explicación a esa realidad.

“El automovilismo siempre tuvo esas divisiones entre los que cobran y los que tienen que invertir para poder correr. Pero en los últimos años se ha achicado el porcentaje del primer grupo, porque el país sufrió una crisis -en lo económico, en ese caso- y el automovilismo, también. La masividad de ofertas que hay hizo que se achicara la difusión y la llegada de este deporte. Y que los casos como el mío sean cada vez menos”, explica.

Aunque reconoce que la pasión que genera el TC es un sostén importante para la categoría. “El automovilismo argentino tiene la suerte de estar muy instalado en el pueblo. El TC llena autódromos donde va. En cualquier ciudad convoca treinta o cuarenta mil personas. Y no creo que se vaya a perder esa esencia”, afirma.

Agustín Canapino, con el Chevrolet con el que se consagró en Neuquén.

-Gritaste campeón en las tres categorías más importantes del país, el TC, el Top Race y el Súper TC2000, y ya tenés un lugar en la historia del automovilismo nacional. ¿Tenés algún sueño que te quede por cumplir?

-Me gustaría ganar todos los campeonatos que corra el mismo año. Pero no es algo que me quite el sueño ni me vuelva loco. No es un objetivo, porque no me lo planteo como tal, pero sería muy lindo porque nunca se dio y me gustaría que se logre. Aunque si no pasa, no me cambia la balanza.

-¿El año que viene te ves de nuevo corriendo en el país y tal vez volviendo a la redacción de Clarín con otro título de TC?

-No me puse a pensarlo. Seguramente, estaré tratando de ganar carreras y campeonatos. Y sí… Si se lograron tres títulos, ¿por qué no cuatro? Pero lo voy a pensar a partir de febrero. Hasta entonces, voy a concentrarme bien en disfrutar y en descansar.

Agustín Canapino, con sus compañeros y el auto del Juncos Racing en Daytona.

Sin apuro por irse al exterior

Referente del deporte motor en Argentina, Canapino tuvo en el pasado su chance de mostrar también su talento a nivel internacional. En febrero, por ejemplo, se dio el lujo de disputar las tradicionales 24 Horas de Daytona a bordo de un Cadillac del equipo Juncos Racing, del argentino Ricardo Juncos. Allí compartió el auto con el austríaco Rene Binder y los estadounidenses Kyle Kaiser y Will Owen y vivió una gran experiencia. ¿Estará su futuro en el exterior? No lo descarta, pero tampoco tiene planes concretos.

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“Las experiencias que tuve en Estados Unidos y en Brasil fueron muy buenas y lindas, mucho más de lo que me imaginaba. Pude vivirlas y mostrarme y me encantó, pero ya está. Todo fue muy esporádico, medio rápido y sin que sea como realmente hay que hacerlo. Ahora lo que quiero, si es que aparece una oportunidad -hoy no hay nada-, es un proyecto a largo plazo, a tiempo completo, para buscar ganar carreras y campeonatos”, cuenta.

Y se explaya: “Todo dependerá de las ofertas que me hagan, porque yo vivo de esto. Si aparece algo así, que no pueda rechazar, no lo rechazaré. Pero es difícil que sea mejor que lo que tengo en Argentina, porque el automovilismo de acá es de los mejores del mundo“.

Un cielo claro es el presente de Agustín Canapino.
Foto: Mario Quinteros

Canapino y…

Los niños nombrados en su honor

“El hincha argentino es muy pasional en todo sentido y el TC no está exento de eso. Me sigue sorprendiendo la gente. Hoy, firmar un brazo para que la persona vaya y se tatúe mi firma es como pedir un café. También que alguien me diga que le puso Agustín a su hijo por mí. Te acostumbrás y no debería no es así. Lo que me preocupa es que esos chicos que bautizaron por mí ya están grandecitos. No son todos bebés como al principio. Y eso significa que me estoy poniendo viejo (risas). Pero son todas situaciones locas que genera el automovilismo en Argentina y principalmente el TC”.

La ausencia del padre en la carrera de Neuquén

 “Sentí su ausencia el domingo. Enterarme de la sanción fue un golpe duro. Por un lado, por todo lo que significa para el equipo que él esté y por todo lo que aporta con su conocimiento y su experiencia. Pero además, por una cuestión sentimental. Él es mi viejo. Es gracias a él que yo estoy corriendo y por el que logré todo lo que logré. Por eso dolió que no esté en Neuquén. Pero hay que aceptar la decisión de las autoridades y ponerle el pecho a las balas. Y eso hicimos. Nos organizamos todos, me puse el equipo al hombro y así salimos”.

Su preparación física

“Soy muy clásico en mis entrenamientos, como en mi vida diaria. No me gustan las cosas locas ni nuevas. Voy al gimnasio, hago mi rutina de fuerza de una hora y después de eso, mi rutina aeróbica. Siempre hice lo mismo, sólo que lo fui mejorando con el tiempo. A veces lo hago una vez por semana; otras, tres. Y a veces ninguna, como la semana pasada, cuando no tuve tiempo. Y durante el verano, aprovecho que tengo más tiempo para hacer una buena pretemporada”.

El desgaste de ser piloto profesional

“A diferencia de otros deportes, es muy difícil en el automovilismo que la gente entienda lo que estamos viviendo. Porque vos ves por la tele y parece que venimos hasta tranquilos. Y en realidad venimos hiperconcentrados y hasta casi no pestañamos. Hay un esfuerzo físico muy grande ahí arriba, por toda la fuerza G y todo el calor que hay adentro del habitáculo, sumado a la terrible adrenalina que te genera el cuerpo por andar tan rápido. Y vos ves mi cámara dentro del auto y parece que vengo relajado y tranquilo. ¡Al contrario! Vengo hiperconcentrado, tratando de optimizar todos los recursos que tengo arriba del auto. Estuvo bueno que mostraran que terminé la carrera con 180 pulsaciones por minuto. Te ponés a picar y difícilmente llegás a 180. Por eso cuando hago mi entrenamiento aeróbico, trato de hacerlo lo más cercano a esas pulsaciones”.

La Fórmula 1

“Me apasiona la Fórmula 1. Creo que no hay deporte más difícil en el mundo. Porque hay miles de personas que pueden jugar al fútbol, al básquetbol, al hockey… Tal vez no en el más alto nivel, pero pueden jugar. Pero son muy poquitos los que pueden subirse a un Fórmula 1 y menos los que pueden hacerlo a ese nivel. Yo tuve la suerte de verlo en primera persona en 2017 y comprobé que la organización, la ingeniería, la perfección de todo lo que hacen y el dinero que se invierte es todo de otro mundo. Y los pilotos son extraterrestres. Porque se preparan y entrenan para estar arriba de esos autos desde que son nenes. Son de otra galaxia”.

La educación vial

“El problema de los argentinos es que se subestima mucho y se respeta poco. Manejar un auto en la calle a 80 kilómetros por hora ya es peligroso, pero es difícil hacerle entender eso a la gente. Todos piensan que no pasa nada hasta que pasa. Hay que inculcarle a todo el mundo que no hay que subestimar ni en la calle ni en la ruta ni si estás cansado o si tomaste. Porque es muy fácil tener un accidente. Y las normas, todo lo que se ha estudiado y toda la experiencia en materia de educación vial están justamente para evitar que esas cosas pasen. Hay que respetarlas”.

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