“Monos”: los chicos de la guerra colombiana en un fascinante filmEspectáculos 

“Monos”: los chicos de la guerra colombiana en un fascinante film

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El realizador cinematográfico Alejandro Landes estrena este jueves “Monos”, un filme que visita la retaguardia de la guerra de baja intensidad colombiana a través de la historia de un escuadrón de niños-adolescentes.

El film, que no para de recibir distinciones (20 en total) desde su premiere mundial con el Premio del Jurado en el Festival de Sundance, es una coproducción colombiano-argentina interpretada por adolescentes no actores junto a otros de dilatada trayectoria en Hollywood como Moises Arias y Julianne Nicholson.

“No había una postura ideológica al momento de buscar actores, no hay muchos chicos profesionales particularmente de esa edad en Colombia ni en ninguna parte del mundo, así que no nos queríamos limitar, buscábamos alguien que hubiera hecho teatro en el colegio o en su barrio, gente que jamás había estado en un escenario o frente a una cámara junto con gente con mucho recorrido”, cuenta Landes en charla con Télam.

“Hubo una clave en la mezcla de esos dos registros que fue una especie de taller entrenamiento que hicimos entre los jóvenes seleccionados y también los profesionales”, agregó.

El realizador, que nació en San Pablo, estudió cine en Argentina, creció en Ecuador y actualmente vive en Colombia, se dio a conocer con el documental “Cocalero” sobre Evo Morales en 2007 y luego dirigió “Porfirio” (2011), una película que mezclaba el registro documental con el ficcional que se estrenó en Cannes y ganó como Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Mar del Plata.

-¿Cómo se construyó “Monos” y cómo influyó el lugar y la interacción con el grupo de adolescentes durante el rodaje en el resultado final?.
-Comenzamos con un guión muy trabajado pero los verdaderos cimientos de la película estuvieron en el casting: vimos más de 800 chicos por todo el país, en la calle, escuelas de actuación, teatro comunitario, videos, redes; de esos 800 elegimos 25 finalistas y los llevamos a una especie de campo de entrenamiento militar y actoral. Al vivir, comer, estar juntos todo el tiempo, empiezas a ver dónde hay química, donde no, amores, desamores y empezamos a pensar en un posible elenco para esta escuadra de los ocho chicos. Reescribí el guión para asegurarme de traer algo de ellos al guión, y también escoger los personajes de acuerdo a cómo funcionaba este espíritu de manada, ahí está el cimiento, fueron cinco semanas de trabajo, de las que participó Moises Arias, antes de tirar el primer cuadro.

-¿Cómo es su trabajo sobre el lenguaje, su apreciación de la poesía y el realismo, la mixtura del registro casi documental y la ficción absoluta?
-Para mí hay mucha emoción en el lenguaje, hay emoción en la forma, el cine tiene algo muy especial en trabajar lo que (Luis) Buñuel podría llamar un soñar despierto; me parece que el cine tiene habilidad de poder conectar con la mente lógica, con lo consciente, con la narrativa pero también tiene un lado subconsciente que entra por la piel, por el estómago, así que constantemente busqué eso: la película tiene un arco dramático, tiene incluso momentos que transita y coquetea con el género de acción, de guerra, de terror, el coming of age, pero también tiene momentos que son puramente líricos; creo que el cine puede ser prosa y poesía y esa es una de sus virtudes.

Además, me gusta el choque entre el naturalismo que pueden tener esos lugares y los rostros con la estilización de la puesta en escena y eso se ve reflejado en la entidad visual, el tratamiento sonoro, en el vestuario, el diseño de producción; la tensión entre esos dos mundos me resulta muy atractiva a nivel cinematográfico.

-¿Cómo enfrentó la disyuntiva víctima-victimario en el caso de estos niños-jóvenes guerreros?
-Para mí era muy importante no crear una película paternalista. Arrancamos de una premisa que es una realidad en muchos países: jóvenes armados, sea de derecha, de izquierda o de bandas puramente delicuenciales y generar un mundo donde ellos son tiernos pero también son crueles. La idea fue rechazar cualquier concepto binario, en la película no hay futuro ni pasado, hay personajes que no está claro si son hombres o mujeres, las líneas entre las locaciones que pueden ser un paraíso o un infierno, creo que en en este tipo de guerra y las que están pasando en Irak, en Siria, o Afganistán, las líneas de batalla están muy desdibujadas. La idea no era una película con esas primeras filas épicas al estilo de los filmes sobre la Segunda Guerra Mundial sino crear una película de guerra desde la retaguardia, porque finalmente esto nace de una realidad; muchas veces hay secuestrados, los altos mandos negocian ese secuestro pero la manera más barata y efectiva de cuidar el día a día del cautivo es poner al soldado más raso a que haga de guardia y ese soldado más raso es el más joven y a veces son chicos.

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